Cantos rabiosos a 500 años de la Conquista

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Hace 44 años, el historiador cubano Salvador E. Morales Pérez (1939-2012) comenzaba su libro Auge y ocaso de la música mexicana diciendo que “la primera canción” que podría llamarse “mexicana” –al menos por su lugar de nacimiento– fue “tal vez” el romance que los soldados españoles dieron en cantar después de la Noche Triste:

En Tacuba está Cortés, con su escuadrón esforzado;

         triste estaba y muy penoso, triste y con gran cuidado;

         la mano en la mejilla y la otra en el costado.

Este romance lo cita Bernal Díaz del Castillo en Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España. Morales Pérez añadía:

“Los indígenas casi no tuvieron oportunidad de contribuir a la formación y desarrollo del género, entre otras razones porque sus instrumentos –la chirimía, el teponaztli y el huéhuetl—fueron proscritos por los cazadores de idólatras, dado su uso eminentemente ceremonial. Además, los conquistadores –más preocupados por borrar todo vestigio de la cultura nativa que por conocerla—pronto relegaron al olvido la música indígena que, por el hecho de ser distinta a la suya, consideraron inferior.”

El comienzo del prólogo acusaba:

“Julio Iglesias llega periódicamente de su España natal y recorre en triunfo la República Mexicana cobrando miles de pesos por cada minuto de actuación. Lo mismo hacen el descendente Raphael, el sobrio Joan Manuel Serrat y otros hispanos… sólo esporádicamente interpretan alguna canción mexicana para congraciarse con el público.”

Curioso que justo aquel mismo año de 1975 (cuando Morales Pérez publicó ese texto en Libros de Contenido y Editorial Novaro), el rockero canadiense Neil Young (Toronto, Ontario, 1945) le dedicó a Hernán Cortés la pieza “Cortez the Killer” (“El asesino Cortés”), grabada con su banda Crazy Horse para el álbum Zuma, cuyo solo de guitarra está enlistado en el número 29 de los 100 mejores según la revista Guitar World. Dice “Cortez the Killer”:

Llegó bailando a través del agua

         con sus galeones y armas

         en pos del nuevo mundo

         ante aquel palacio bajo el sol.

         A las orillas se hallaba Moctezuma…

         Y sus súbditos se reunieron alrededor

         como las hojas junto a un árbol,

         con sus ropajes multicolores  

         para ser vistos por los Dioses enojados,

         y todas las mujeres eran hermosas.

         Y los hombres se mantuvieron

         rígidos y fuertes

         ofreciendo sus vidas en sacrificio

         para que otros pudieran seguir adelante…

         la gente trabajaba unida

         levantando montones de piedras.

         Las llevaron por las llanuras

         y perecían a lo largo del camino;

         pero construyeron con sus propias manos

         lo que todavía no podemos hacer hoy.

Durante la dictadura franquista esta rola de Neil Young estuvo prohibida. Al final, el compositor cambió el tono de primera a tercera persona, un trueque interpretado como referencia a Doña Marina, Malintzin, Malinalli o Malinche y al Templo Mayor de la Ciudad de México (descubierto en 1978).

Y yo sé que ella está viviendo allí

         y ella me ama hasta el día de hoy;

         aún no puedo recordar cuándo

          o cómo perdí mi camino.

         Llegó bailando a través del agua

         ¡Cortés, Cortés, asesino!

No menos notable resulta que apenas un lustro antes, la banda Jethro Tull del escocés Ian Anderson (Edimburgo, 1947) había sacado uno de los álbumes más brillantes en la historia del rock: Aqualung, disco LP conceptual también censurado por la España de Franco debido a sus críticas a La Biblia, con un lamentoso “Himno 43” tipo “blues para Jesús”:

Y el nada laureado héroe occidental del western

         mató a un indio o a tres,

         para colgar su nombre en Hollywood

         y libertar al hombre blanco.

         ¡Oh, Jesús, sálvame!

         Si Jesús salva, que se salve a sí mismo

         de los sangrientos buscadores de gloria,

         quienes usan su nombre para asesinar.

Desde luego, “La maldición de Malinche” ha sido la canción de Gabino Palomares (Guanajuato, 1950), interpretada con El ruiseñor sinaloense Amparo Ochoa (1946-1994), que suscitó comentarios polémicos desde que comenzó a cantarse allá por 1975. Vale la pena reproducir su letra entera:

Del mar los vieron llegar mis hermanos emplumados, eran los hombres barbados de la profecía esperada. Se oyó la voz del monarca de que el dios había llegado y les abrimos la puerta por temor a lo ignorado.

         Iban montados en bestias como demonios del mal, iban con fuego en las manos y cubiertos de metal. Sólo el valor de unos cuantos les opuso resistencia y al mirar correr la sangre se llenaron de vergüenza.

         Porque los dioses ni comen ni gozan con lo robado y cuando nos dimos cuenta ya todo estaba acabado. Y en ese error entregamos la grandeza del pasado, y en ese error nos quedamos 300 años esclavos.

         Se nos quedó el maleficio de brindar al extranjero nuestra fe, nuestra cultura, nuestro pan, nuestro dinero. Y les seguimos cambiando oro por cuentas de vidrio y damos nuestras riquezas por sus espejos con brillo.

         Hoy, en pleno siglo veinte nos siguen llegando rubios y les abrimos la casa, y les llamamos amigos. Pero si llega cansado un indio de andar la sierra, lo humillamos y lo vemos como extraño por su tierra. Tú, hipócrita que te muestras humilde ante el extranjero, pero te vuelves soberbio con tus hermanos del pueblo.

         ¡Oh, maldición de malinche, enfermedad del presente!

         ¿Cuándo dejarás mi tierra? ¿Cuándo harás libre a mi gente?

Desde luego, las estaciones de radio comercial jamás la transmitieron y mirad el cambalache: por aquella misma década nuestra televisión solía transmitir el comienzo del son bucólico de mariachi nacionalista “México, México”, de José Camarillo:

Los aztecas te formaron, luego fuiste colonial;

         de España te conquistaron, pero nunca te quitaron

         tu cielo primaveral…

A mediados de los setentas, llegaron desde el Cono Sur cantores y artistas exiliados de los gobiernos militares. Uno de los más apreciados fue el uruguayo inolvidable Daniel Viglietti (Montevideo, 1939-2017), con “Sólo digo compañeros: Tupac Amaru” (1978):

Escucha, yo vengo a cantar por aquellos que cayeron.

         No digo nombre ni seña, sólo digo: “compañeros”…

         La sangre de Túpac, la sangre de Amaru,

         la sangre que grita: ¡Libérate, hermano!

         Y su “Canción para mi América”: Dale tu mano al indio, dale que te hará bien. Y encontrarás el camino, como ayer yo lo encontré…

El sur también existe

Un video subido a YouTube por el usuario Jonay Falcón muestra una selección de tres canciones latinoamericanas intitulada “Conquista de América desde el lado originario”, que incluye la chacarera “Huelga de amores” (1993) de la banda argentina de reggae y postpunk Divididos:

Ellos vinieron, nos encubrieron,

         aquí encontraron dioses que danzan

         y nos dijeron: “Cerrá los ojos,

         dame la tierra, toma la Biblia”…

         y nos dijeron: “Tiempo es dinero

         y en esta tierra sos extranjero”…

         La historia escrita por vencedores

         no pudo hacer callar a los tambores…

Asimismo, “Taki Ongoy II”, (en quechua, “la enfermedad del canto”) compuesta en 1986 por el cantautor de protesta porteño Víctor Heredia (Buenos Aires, 1947), e interpretada por la tucumana Mercedes Sosa (1935-2009), retoma las voces de los pueblos originarios arrasados por la Conquista:

Ya nos quitaron la tierra y el sol, nuestras riquezas y la identidad. Sólo les falta prohibirnos llorar para arrancarnos el corazón.

Y ahora que se cumplen cinco siglos de la Conquista de la Nueva España, no podemos dejar a un lado el sitio internet denominado “Cuadernillo de Fuentes”, donde luce el apartado Canciones para pensar la Conquista de América (https://cuadernillodefuentes.blogspot.com). Contiene la letra anónima “Cinco siglos resistiendo”, “Cinco siglos igual”, de León Gieco (Santa Fe, 1951) y más joyas argentinas como “Amutuy, Soledad”, de Hermanos Berbel:

Ahí están festejando los del sable y la cruz

         cómo me despojaron sin ninguna razón,

         sometiendo a mi raza en el nombre de Dios.

         ¿Con qué ley me juzgaron? Por culpable, ¿de qué?

         De ser libre en mi tierra o ser indio tal vez.

         ¿Qué conquista festejan que no puedo entender?

Los violadores y “Mercado indio” (1987):

Levantaron sus banderas y juraron en su Dios;

         la matanza iba en ascenso, fue la colonización.

         Ayer espadas de traición, hoy misiles para el terror,

         tanta culpa crearon hoy quienes realizaron esa expedición.

“La revancha de América” (1991), por los metaleros Hermética:

Pueblos nativos del suelo mío fueron saqueados y sometidos por la siniestra garra de la madre perra, que orgullosa festeja 500 años de haber llegado con sus carabelas…

         “Sólo por ser indios” (1994), rock duro de ANIMAL:

         Sin Piedad, sin razón, matando en nombre de Dios;

         la plata quema en sus almas y el aire huele a venganza…

“Ser indiano” (1995), de la extinguida agrupación Almafuerte:

De Malinche es la maldición, del huinca el gualicho. Del Dios blanco el terrorismo, Satanás y Cristo.

“500 años atrás” (2005), folk rap de Ilumínate:

500 años de dolor, son 500 años de traición,

         son momentos de tormentos y opresión.

“Las venas abiertas de América Latina”, por Los Fabulosos Cadillacs:

…despierta aborigen, responde a tu origen, las venas abiertas del sabio shamán…

“América sí”, de la poeta y cantante chilena Evelyn Cornejo:

América financia el desarrollo de Europa

         con nuestra plata y nuestro oro;

         Bolivia financia el Renacimiento

         con sus riquezas y millones de indios muertos.

         América no tuvo defensas

         contra el saqueo y la pólvora;

         bajo las nuevas leyes de Europa

         al invasor pertenecen las tierras…

         Indios, mestizos, zambos, negros y mulatos

         seguimos todos fuera del sistema…

         Siglos oscuros me desgarran, me desgarran la voz;

         destruyeron nuestra cultura, impusieron su Dios,

         sus descendientes lavan su conciencia con caridad

         y avalan un sistema lleno de desigualdad.

         Y este lugar, y este lugar

         tiene tanta tierra, tiene tanto mar.

         Y este lugar, y este lugar

         ¡a tantos niños que puede alimentar!

“Indio hermano” (1972), de Los Jaivas, de Chile:

No cambiaré, mi destino es resistir esta civilización de poder y ambición. No me importa el hambre, ni la cárcel, ni el dolor. Soy un hombre y no una pieza más de esta cuestión.

“¿500 años de qué?”, por Tren Loco, en torno a la Guerra de las Malvinas y las conquistas europeas en América:

         Yo no festejo la muerte, aunque la muerte suceda.

         No conmemoro la sangre de mis ancestros siquiera.

         Por más de 500 años no se termina mi guerra…

         Mis hermanos de Indoamérica se preguntan:

         El 12 de octubre, ¿qué festejan?

         ¡¿500 años de qué, de qué, de qué?!






Fuente

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