China: solidez económica en la celebración de Año Nuevo.

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Del 16 de febrero al 2 de marzo de 2018, la población de China celebrará el Año Nuevo 4,716 del Calendario Agrario o Lunar. En esta ocasión, el signo cambiará del gallo de fuego al perro de tierra, como figura central de la fiesta tradicional más importante de China, con el que se buscan mejorar momentos para el amor y la salud (elPeriódico, 2018). Dicho país llega a estos festejos con una economía sólida y con proyectos de impacto internacional, ya que su tasa de crecimiento económico crecerá en 6.5% (FMI, 2018), mientras que el Presidente Xi Jinping tiene entre sus planes que la Iniciativa Belt and Road (BRI, por sus siglas en inglés), se convierta en una estrategia clave para el presente año, con resultados notorios, en términos de infraestructura y construcción de vías de comunicación, para los países que la conforman, con el objeto de revolucionar el comercio internacional.

China es actualmente el país más poblado del mundo al contar con 1,382.7 millones de habitantes (ONU, 2018). El control político y económico de su gobierno, es a través del Partido Comunista Chino (PCC), quien mediante un riguroso proceso de planificación económica desde 1953, ha logrado diseñar 13 Planes Quinquenales de Desarrollo, en los que se establecen propósitos del país para reconfigurarse económica y socialmente en un lapso de seguimiento de cinco años (Xinhua, 2015). En ese contexto, para 2018 se encuentra en marcha el XIII Plan Quinquenal de Desarrollo, llamado ahora de Directrices Quinquenales, cuyo conceptos generales están orientados a la consecución del sueño chino, entendido como la construcción de una sociedad modestamente acomodada (Parra, 2016).

Desde el 14 de marzo de 2013, Xi Jinping funge como Presidente del Gobierno Chino y del PCC, teniendo como antecesores inmediatos más importantes a los expresidentes Hu Jintao, Jiang Zemin y Deng Xiaoping, quien en 1979 inició el proyecto modernizador de China al promover una política de puertas abiertas, particularmente al permitir la entrada de capitales externos en puntos específicos del área costera del país, cuya relevancia actual es el haberse convertido en el espacio de producción manufacturera más importante del mundo. Dicha política de apertura permitió la entrada en vigor de Zonas Económicas Especiales a principios de la década de 1980. Es precisamente, en este escenario de incorporación cuidadosa de los ideales capitalistas, que China ha logrado fortalecerse, con lo que actualmente se identifica como el modelo económico socialista de mercado.

A casi 40 años de apertura, la evolución del crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) inició con 5.17 en 1980; alcanzado repuntes de 15.14 en 1984; 14.22 en 1992; y 14.23 en 2007, identificándose el crecimiento más bajo de 3.9 en 1990. Del 2010 a la fecha, el indicador muestra una disminución, ya que en dicho año el crecimiento del PIB fue de 10.65; mientras que en 2016 fue de 6.6 (Banco Mundial, 2018). Por su parte, el pronóstico del Fondo Monetario Internacional para 2018, es que el PIB será del 6.5, cifra que el gobierno de China, la interpreta como un comportamiento natural, debido a las propias tendencias de la economía internacional, a lo que se antepone como un periodo de Nueva Normalidad, en las que se registran factores como alta volatilidad y apreciación de la moneda.

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En el ámbito de su relación con el contexto internacional, sobresale la Iniciativa BRI, la cual tiene contemplado realizar una inversión de 900,000 mil millones de euros en los 65 países que conforman, con el objeto de resucitar la Nueva Ruta de la Seda y modernizar la infraestructura que une Europa, Asia y África (Expansión, 2017), particularmente en el ámbito de construcción de vías de comunicación terrestre y marítima, así como de conectividad. Esquemas de accesibilidad, que permitirán a China asegurar el acomodo de sobreproducción que generan, así como la facilitación del intercambio de mercancías en las que existe un déficit comercial. Sin duda alguna, el BRI se convierte en uno de los proyectos más ambiciosos y estratégicos del país asiático, cuyos resultados futuros están por venir para erigirse como la principal potencia económica mundial.

En conclusión, la buena marcha de la economía de China no es producto de políticas improvisadas de corto plazo, al contrario, demuestra con la práctica que las aspiraciones de largo plazo plasmadas en sus instrumentos de seguimiento, como los planes quinquenales de desarrollo, son efectivas para ir alcanzado avances discrecionales, pero observables para comprobar que el estado actual de la sociedad va mejorando sus estándares de vida. Por su puesto, aún se identifican problemáticas como pobreza, contaminación ambiental, derechos humanos y desigualdad, que deben mejorar con el tiempo. En ese tenor, China está preparada para celebrar con entusiasmo el Año Nuevo, con el propósito de reconocer su presente, pero también para continuar preparándose para recibir con fuerza, el inminente ascenso como líder mundial.

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Dr. José Manuel Orozco Plascencia
Coordinador del Doctorado en Relaciones Transpacíficas (DRT) y
Profesor-Investigador de la Facultad de Economía de la Universidad de Colima