Del nacionalismo al neoliberalismo: Dos generaciones deslucidas gobernando México

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Uno de los rasgos visibles del devenir histórico reciente de la economía del país, ha sido la instauración de dos modelos de desarrollo: El nacionalismo y el neoliberalismo, el primero se desenvolvió de 1940 a 1982; y el segundo permanece vigente desde 1982 a la fecha. El eje central de los dos periodos, ha sido la profesionalización de los gobernantes, quienes han surgido de la esfera público-académica-empresarial cobijados por partidos políticos. En esta etapa del México contemporáneo, se reconoce un avance limitado del progreso socioeconómico de sus habitantes, permaneciendo en una fase de estancamiento, debido a la falta de una educación prolongada con calidad y a los efectos de una notable corrupción, que se asienta en la mayoría de los territorios. ¿Puede esta circunstancia cambiar con la aparición de un nuevo proyecto de estado?

El modelo nacionalista se registró entre 1940 y 1982. Tres momentos explican su funcionamiento: El milagro mexicano logrado por la exportación de productos agrícolas; los efectos paralelos de la participación de Estados Unidos en la segunda guerra mundial al requerir aumentar la producción armamentista; así como el inicio del etapa de industrialización, que provocó la aparición de un inminente proceso de urbanización, permitiendo que a partir de 1970, México se considerara un país urbano, con más del 50 % de la población viviendo en ciudades (INEGI, 2018). En este lapso gobernaron la república: Manuel Ávila Camacho, Miguel Alemán Valdez, Adolfo Ruiz Cortines, Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría Álvarez y José López Portillo y Pacheco. El 100 % de los presidentes provenía del Partido Revolucionario Institucional (PRI), la mayoría contaba con una licenciatura, particularmente en Derecho, pero ninguno con posgrado.

En este ciclo se instauró el Modelo de Industrialización por Sustitución de Importaciones (MISI), así como las estrategias de desarrollo estabilizador y compartido, generando un crecimiento promedio anual de la economía del 6 %, el cual no fue utilizado adecuadamente para soportar los impactos del proceso de urbanización del campo a la ciudad, no porque no hubiera recursos para construir la infraestructura para la prosperidad, sino porque se diluyeron en otros fines poco fértiles, lo que provocó la génesis de la crisis económica más aguda a principios de los ochenta, resultando en la solicitud de financiamiento a organismos internacionales para cubrir el sobreendeudamiento externo.

Por su parte, el modelo neoliberal surgió a principios de la década de 1980. Su comienzo se caracterizó por la implementación de una estrategia de austeridad en el gasto, como medida precautoria a la profunda crisis macroeconómica ocurrida en ese momento; a la par de este proceso, en el mundo se desarrollaba un fuerte impulso a la ola globalizadora. Sus gobernantes han sido: Miguel De la Madrid Hurtado, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo Ponce de León, Vicente Fox Quezada, Felipe Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto. Cuatro han surgido del PRI y dos del Partido Acción Nacional (PAN). El 100% registraba licenciatura, la mayoría en Derecho o Economía, con formación de posgrados en universidades estadounidenses.

Luego de pasar por una hiperinflación en los ochenta, una nueva crisis económica en los noventa, la década de 2000 ha permitido contar con variables macroeconómicas relativamente estables, con una mayor presencia internacional en términos de exportaciones y firmas de acuerdos de libre comercio, sin embargo, el problema más acuciante en este tiempo ha sido la falta de crecimiento económico, lo que abona directamente al aumento del desempleo o de empleos mal remunerados, que inducen a una polarización de la población con niveles elevados de pobreza y marginación o bien con una alta concentración del ingreso. Las principales acciones en este periodo han sido las privatizaciones de empresas del estado, así como la puesta en marcha de reformas económicas estructurales.

En conclusión, la última etapa del México independiente, la que ha cobijado al nacionalismo y el neoliberalismo, no ha estado a la altura de las circunstancias en guardar un equilibrio en el bienestar de su sociedad. Está claro que no es una visión de país la que hace falta, sino un regreso a los valores de justicia, paz y honestidad, que heredaron nuestros antecesores. En este esquema de retrospectiva, se asume que son al menos tres aspectos los que podrían incidir en la mejora progresiva de la situación socioeconómica de México: Un sistema educativo que gradúe ciudadanos competentes, con sólidos principios morales e intelectuales, que permitan asegurar el crecimiento integral de la persona, proteger el ambiente y respetar los valores cívicos; un compromiso ineludible de las familias  para preservar y educar con responsabilidad el presente y futuro de sus hijos; así como un papel más activo de la sociedad, que revise y exija mejores resultados a la partidocracia, ya que no es, ni debe seguir siendo el único paradigma que administre los recursos de nuestra nación.

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