Los sueños wayúu en la película colombiana “Lapü”

Lapu documental - Los sueños wayúu en la película colombiana “Lapü”

TULUM, Q. Roo (apro).– Al darse cuenta que los sueños son parte fundamental de la muerte en los indígenas Wayúu de Colombia, César Alejandro Jaimes y Juan Pablo Polanco idearon un documental con elementos de ficción titulado Lapü.

Los realizadores, nacidos en Bogotá, se enteraron del sueño de la joven Doris, de esa comunidad, con un familiar fallecido y cuyos restos debía exhumar, y comenzaron el filme, el cual se proyectó en el primer Festival Internacional de Cine de Tulum (FICTU), que finalizará este 8 del mes en curso, y también forma parte de la sección Pueblos y Culturas Originarios de la 41 edición del Festival de Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, Cuba, que inició el 5 de este diciembre y finalizará el 15 del mismo mes.

En la cinta, de 75 minutos, una chica wayúu se despierta intranquila porque ha tenido un sueño que no sabe cómo interpretar. Se lo narra a su abuela y al médico tradicional del lugar, y comprende que su prima, quien ha muerto hace varios años, le está pidiendo que desentierre sus restos y los vuelva a depositar en el cementerio de la familia en la alta Guajira.

Es un ritual, llamado el Segundo Entierro, donde sacan los restos de un familiar y es el evento más importante en la vida de un wayúu. Así Doris se prepara para entrar en contacto directo con la muerte, el mundo de los espíritus y los recuerdos de su prima.

Los dos directores coinciden que los colombianos conviven de manera particular con la muerte: “Son cifras tras una guerra civil de 50 años, y lo mismo pasa en México por la violencia. Crecimos, desde pequeños, viendo en los noticieros los números de fallecidos y nos insensibiliza. No son nombres de personas, sino cantidades, y se construyó toda una ida de nación frente al muerto bueno y el malo”.

Jaimes explica que lapü significa sueño en la lengua de los wayúu:

“La palabra sueño posee muchos significados en la Guajira. También es una deidad, igual es una forma de existir en el mundo o una fuerza que da y quita la vida. La película explora esa misma palabra y sus caminos distintos, y por eso nos interesó traducir el título”.

Compara ese ritual del Segundo Entierro con una boda, donde acuden todos los amigos y todo lo comparten y lo celebran. “Cuando se exhuman los restos de un pariente, invitan a todo mundo”, detalla.

La historia contiene partes de ficción, ya que Doris habla con su prima fallecida:

“Es una familia de muchas mujeres y nuestra relación con ellas se construyó desde el juego, y le propusimos a Doris que en el largometraje tuviera una charla con su allegada fallecida, y aceptó, porque ella había tenido en sus sueños conversaciones con su prima y eso se puso en escena”.

Manuel Ponce, asistente de dirección, explica que cuando “los wayúu se mueren por primera vez, se les efectúa un entierro común y corriente, pero el alma de esa persona queda suspendida en el mundo de los vivos, y después de un tiempo, en este caso pasaron nueve años, y Doris sueña con su prima, es como un mensaje de ese difunto que le pide a su familia que organicen ese segundo entierro para que el espíritu de ese ser se pueda ir por la vía láctea y llegar a un lugar que existe físicamente llamado Jepira para descansar”.

Jaimes estudió fotografía en la Escuela de Artes Guerrero y cine en la Escuela de Cine Unitec. Es cofundador con Juan Pablo Polanco de la productora audiovisual Los niños Films. Polanco cursó bellas artes con énfasis en audiovisual en la Universidad Javeriana y trabajó con la productora bogotana Crack donde participó en documentales y publicidad.

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El documental venezolano nominado a cuatro Premios Emmy

En Primera Fila 1 - El documental venezolano nominado a cuatro Premios Emmy


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En Primera Fila 1 - El documental venezolano nominado a cuatro Premios Emmy

 

La pieza audiovisual de media hora sobre la experiencia de los fotoperiodistas que han cubierto las protestas de 2014 y 2017 en Caracas compite como Mejor Documental, Mejor Guión, Mejor Edición y Mejor Fotografía.

El 14 de diciembre se celebrará la edición #43 del Capítulo Suncoast que los Premios Emmy realizan cada año para reconocer las producciones de habla hispana con temáticas latinoamericanas, que este año incluyen una representación venezolana amplia que intenta dibujar una cartografía de la crisis que atraviesa el país en diferentes áreas. On the Front Line: En primera fila es un documental que, a través de las historias de vida, realza el valor del oficio fotoperiodístico en esta etapa oscura de la historia venezolana.

El documental fue dirigido por Orlando Adriani y Juancho Hernández y producido por Alejandra Pocaterra, quien se encargó también de la unidad de dirección en Venezuela. La producción ejecutiva estuvo a cargo de los hermanos Abarca y su empresa David & Joseph.

Este un documental que muestra cuánto arriesgan sus vidas estos fotógrafos cada vez que salen a la calle, pues las imágenes que hacen y la violencia que se vive en las calles de Venezuela, solo puede ser comparado con países que viven en guerra.

Hasta noviembre de 2019, On The Front Line: En primera fila ha resultado ganador de la séptima edición del Art Festival of Miami y finalista en el Flickers’ Rhode Island International Film Festival. También ha sido elegido como selección oficial del First Time Filmmaker Sessions, Rolling Ideas, Short to the Point, Nukhu Fest y el Miami Independent Films Festival.

On The Front Line: En primera fila es un tributo al trabajo del fotógrafo que, ante el blackout informativo, tomó como responsabilidad informar a toda Venezuela. Son las vivencias de Rayner Peña, Leo Álvarez, Rodolfo Churion, Alejandro Reyna, Juan Barreto y Carlos Becerra, seis fotoperiodistas que, con sus imágenes, han podido armar un rompecabezas de lo que ha pasado en las calles de Caracas en dos momentos clave de la historia contemporánea venezolana: 2014 y 2017.

En ambos años, fueron muchos los manifestantes que resultaron heridos, apresados y asesinados –incluyendo agresiones a trabajadores de la prensa– y, debido a la censura de los medios de comunicación en Venezuela, el fotoperiodismo cobró un papel protagónico en la narración de las historias que iban sucediendo en la calle y que la televisión, la radio y los medios impresos no podían contar: las redes sociales y los medios internacionales se encargaron de visibilizar estas imágenes que, en muchos casos, se volvieron virales y posteriormente ganadoras de premios internacionales, incluyendo una nominación en el World Press Photo 2018 que obtuvo una de las fotografías de Juan Barreto, quien cuenta esta historia en el documental.

El documental está disponible en Vimeo} y la lista completa de nominados a los Premios Emmy Suncoast Regional está disponible aquí.

Más información: IMDB

 

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«El emperador de Michoacán», documental sobre ritos purépechas

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MORELIA, Mich. (apro).- Justo cuando se recuerdan los 500 años de la llegada del conquistador Hernán Cortés a México, Arturo Pimentel y James Ramey se enfocan en la cultura y tradiciones del pueblo indígena purépecha, de Michoacán, en el documental El emperador de Michoacán.

El filme, con varios testimonios de especialistas y de esa comunidad, pone sobre la mesa cómo recuperaron en 1983 el encendido del fuego nuevo para celebrar el año nuevo purépecha cada 1 de febrero, una fiesta que los ha redimido, unido y fortalecido.

La cinta, con dinamismo, lleva al espectador por una caminata que efectúan los distintos pueblos de Michoacán para llevar a un pueblo el fuego que debe permanecer encendido un año.

“Al principio la ceremonia convocó a doce personas, ahora, después de treinta y cinco años, son seis mil las que celebran el encendido”, se menciona en la pantalla.

Todos los entrevistados reiteran que la finalidad es recobrar el conocimiento indígena prehispánico purépecha. “El año nuevo purépecha se dejó de hacer en 1530, con la muerte de Tangaxoan II”, según Néstor Dimas Huacuz, etnolingüística de Santa Fe de la Laguna, Michoacán. Este gobernador enfrentó a los españoles que coordinaba Cristóbal de Olid.

En varias escenas se ve cómo con alegría festejan, con música y baile, mujeres y varones, de todas las edades.

El emperador de Michoacán, de 77 minutos, cobra más importancia porque incita a reflexionar sobre la perdida de la lengua purépecha y la discriminación racial hacia la gente nativa. Igual se habla de las zonas arqueológicas en Pátzcuaro y el Día de Muertos.

Además, la cinta aborda la restauración de un cine de 1936 dedicado al último emperador de Michoacán, Tangoxoan (quien aún es muy querido), llamado Cine-Teatro Emperador Caltzontzin, el cual se ha convertido en el foro cultural más grande de Pátzcuaro. Es de estilo neobarroco. Se habla de su importancia arquitectónica y de cómo se proyectó lo mejor del séptimo arte nacional.

El filme El emperador de Michoacán, que se estrenó en la 17 edición del Festival Internacional de Cine de Morelia, ofrece cómo era y es Michoacán, más lo que perdió y recuperó con la llegada de los españoles. Además, destaca la manera en que todos los pueblos de ahí luchan por preservar, contra viento y marea, la cultura, el conocimiento de los originarios de ese estado y sus raíces, con una fotografía muy bien lograda de Henochhiram Cabrera, Uriel Flores, Aldo Caballero García y Rocío Ortiz Aguilar.

“Es una riqueza cultural muy fuerte, debemos conservarla”, subraya en la cinta Juan José Morales Hernández, director de Asuntos Indígenas de Pátzcuaro.

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Revelan el oscuro secreto de Lady Di y su madrastra malvada

Lady Di Madrastra - Revelan el oscuro secreto de Lady Di y su madrastra malvada


Carlos Arana


 

Lady Di - Revelan el oscuro secreto de Lady Di y su madrastra malvada

Lady Di, desde que comenzó a tomar protagonismo en el mundo de la realeza británica el mundo entero puso sus ojos en ella. Su belleza, humildad y gran carisma fueron el gancho para que muchos la amaran y también para que otros la odiaran. Su vida nunca fue un cuento de hadas, incluso cuando era la más bella del palacio de Buckingham, su pasado ya estaba lleno de secretos oscuros que hasta el sol de hoy no se sabían.

Uno de estos secretos fue revelado por un documental cuyo título parece sacado de un viejo cuento para asustar niños: La madrastra “malvada” de la princesa Diana. Sue Howe, ex asistente de Raine Spencer, esposa del padre de Lady Di, es quien lo cuenta. Según su versión, la duquesa se molestó tanto con la mujer que la tiró por las escaleras.

Con información de Infobae 

Howe relata el hecho en el documental estrenado el lunes 21 de octubre en el Smithsonian Channel: “Estaba muy lastimada y terriblemente molesta”, afirmó con respecto a cómo se sentía la pareja de John Spencer. La pelea sucedió en 1989, cuando Diana se quedaba en Althorp, Northamptonshire, Inglaterra, su anterior hogar antes de mudarse al Palacio de Kensington con el Príncipe de Gales.

Lady Di Madrastra 1 - Revelan el oscuro secreto de Lady Di y su madrastra malvada

 

La agresión fue solo uno de los episodios de la tormentosa relación entre ellas, que comenzó cuando Raine y John Spencer contrajeron nupcias en 1975.

Según declaraciones hechas por el biógrafo real Penny Junior, los hijos del lord estaban muy acostumbrados a tenerlo sólo para ellos después de que él se divorciara de su madre, Frances Shand, en 1969. Esto provocó celos y descontento cuando una nueva mujer llegó a su vida.

Diana y sus hermanos apodaron a su madrastra Acid Raine, porque ella les daba un trato rígido. Por ejemplo, hacía modificaciones al lugar en que vivían sin consultarles. “Raine no era sensible sobre la forma en cómo manejaba sus asuntos, como cambiar la forma en la que lucía Althorp (su hogar), porque no tenía ningún vínculo sentimental con el inmueble”, agregó Penny Junior.

Vendió antigüedades para financiar renovaciones en la casa y la decoró a su gusto, a pesar de que no les agradaba a Diana ni a sus hermanos.

Otro de los momentos que causó conflicto entre Raine y la familia Spencer fue cuando después de que su padre tuviera un derrame cerebral, ella no permitió a sus hijos visitarlo en el hospital. Según dijo, lo hacía porque él necesitaba paz y descanso. Pero la reprimenda de Lady Di vendría luego.

Cuando John Spencer se recuperó, asistió a la boda de Diana con el príncipe Carlos y la llevó del brazo por el pasillo principal de la Catedral de San Pablo. Mientas que a su madrastra la colocó en un asiento en la parte posterior del lugar.

Durante años las fricciones entre ambas mujeres continuó. “Fue una guerra bastante plena”, dijo Junior. Y agregó que cuando las cosas iban mal en el matrimonio de la Princesa de Gales, su enojo y frustración se vio proyectada en sus discusiones con Raine.

En 1992, lord John Spencer falleció. Entonces, Diana y sus hermanos la corrieron de su casa, y ella se mudó a Londres. Pero unos años después la actitud de ambas cambió.

Lady Di, ya divorciada del príncipe Carlos, se quiso reunir con Raine, quien ya se había vuelto a casar. Almorzaron juntas y la hija del lord Spencer le agradeció a su madrastra haberle dado años de felicidad a su padre.

Desde ese día, las reuniones entre ambas fueron más constantes. Los paparazzi las captaban juntas en Londres con algo que parecía una gran amistad.

Sin embargo, Paul Burrel, ex mayordomo de la familia, le dijo a The Post que su cercanía se podía deber a que Diana estaba molesta con su madre Shand Kydd, por lo que quería que las cámaras la captaran con la última esposa de su padre.

Pero su relación continuó hasta el 31 de agosto de 1997, día en que murió Lady Di.

“Ella (Raine) lloró y me cogió de la mano y dijo: ‘¿Qué vamos a hacer ahora?’. Ella estaba devastada”, contó Burrel. La madrastra, al menos en parte reivindicada, falleció 19 años después.





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“El sonido de mi voz”, documental sobre Linda Ronstadt

Linda R Ok - “El sonido de mi voz”, documental sobre Linda Ronstadt

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- A mediados de febrero pasado, Linda María Ronstadt visitó Banámichi, un pueblito del Río Sonora, ubicado a tres horas de la tierra de su abuelo Federico José María Ronstadt, quien nació en Las Delicias y emigró a Tucson, Arizona, hacia 1880.

Según relata el reportero Ernesto Portillo Jr. para la publicación Tucson.com, la cantante de sangre sonorense nacida en Tucson el 15 de julio de 1946 ya había visitado en otras ocasiones aquellos páramos, descritos como “un acordeón de bordes de montañas irregulares en cuyas laderas se alzan saguaros y cactus, mientras que los centinelas silenciosos y el exuberante suelo del valle están cubiertos de habas, ajos, álamos y palos verdes”.


Linda Ronstadt dijo entonces: “Es hermoso estar aquí y la gente es lindísima… Y es simplemente el pueblo ideal. La gente es súper cordial. Recuerdan a mi papá y a mi abuelo. He conocido a gente que no conoció personalmente a mi abuelo, pero recuerdan su nombre y las causas que él defendía. Eso es significativo.”

En dicha visita, Linda estuvo acompañada de un equipo de filmación. El documentalista y actor james Keach (The Long Riders, Walk The Line y Razor’s Edge) llegó con ella para filmar dos documentales: uno en torno al conjunto Los Cenzontles, de Eugene Rodríguez, y el nuevo documental Linda Ronstadt: The Sound of My Voice (“El sonido de mi voz”) que estrenó por abril en Estados Unidos.

Rob Epstein y Jeffrey Friedman dirigieron la cinta con James Keach y Michele Farinola, produciéndola CNN Films para proyectarla por televisión en América del Norte y en espera de salir en los cines por septiembre patrio. La película estrenó con el tributo de su admiradora Sheryl Crow en el Tribeca Film Festival 2019, y acaba de ganar el Premio del Público en el Provincetown International Film Festival. Owen Gleiberman reporteó para Variety que Linda Ronstadt: The Sound of My Voice “es un documental sin paja que relata la vida hechizante de una de las mujeres más poderosas en la historia de la música popular”. Linda surgió en los años sesenta con el auge de la música folk y para comienzos de los setenta ya era una estrella que alcanzó a ganar 11 premios Grammy.

El rodaje, calificado con cuatro estrellas por Rotten Tomatoes, se construye a partir de sus presentaciones en medio siglo, a la vez de entrevistas con amigas Emmylou Harris, Dolly Parton, Karla Bonoff y Bonnie Raitt, o sus colaboradores Jackson Brown, Peter Asher, David Geffen, Cameron Crowe, Ry Cooder, Aaron Neville Don Henley y JD Souther, hasta su retiro de los escenarios en 2011 por padecer Linda del Mal de Parkinson.

Buena parte de la película está inspirada en su libro autobiográfico Sueños sencillos, del que Proceso ofreció un adelanto a sus lectores hace poco más de un lustro (https://www.proceso.com.mx/354920/suenos-sencillos-autobiografia-musical-de-linda-ronstadt).

En el libro, ella afirma:

“Jamás me he considerado una cantante de rock’n’roll… Nunca sentí que el rock’n’roll me definiera… Haber sido vista durante un periodo en los setentas como Reina del Rock me hizo sentir incómoda, porque mis devociones musicales a menudo se hallan en otros géneros. Tras la experiencia surrealista de quedar encarcelada en la despiadada maquinaria estadunidense que fabrica celebridades, sentí que ya era hora de yo reclamar para mí una parte esencial de lo que soy: una chica del desierto de Sonora.”

 

“Mi infancia” por Linda Ronstadt

Mi padre, conocido como Gilbert, era guapo y algo tímido…

Tenía una hermosa voz barítono que sonaba como mezcla entre Pedro Infante, el famoso ídolo del cine mexicano, y Frank Sinatra. A menudo se presentaba en tardeadas locales del Fox Tucson Theatre, lo anunciaban como Gil Ronstadt y su Star-Spangled Megaphone. Llevaba serenatas bajo la ventana de mi madre con sus bonitas canciones de México “La Barca de Oro” y “Quiéreme Mucho”. (…)

Cuando éramos niñitas, las visitas de nuestra tía Luisa eran maravillosamente excitantes. Ella enseñó a mi hermana Suzy cómo hacer el movimiento de danza shimmy y a tocar las castañuelas, permitiéndole ponerse los hermosos vestidos regionales de España que había usado cuando era bailarina. Había vivido muchos años en España y se había casado con un pintor comunista quien apoyó la causa republicana en la Guerra Civil Española. Mi tía había sido amiga del poeta Federico García Lorca, quien recitaba sus hermosos poemas mientras ella tocaba la guitarra… Muchos años después, yo tomaría el título de una colección de canciones folklóricas y relatos de México que ella publicó, Canciones de Mi Padre, para el título de mi primer disco de canciones tradicionales de México. (…)

Aprendí sola a manejar el aparato de radio tocadiscos y podía cambiar el cuadrante a través de las letras de estaciones de Arizona, que comenzaban con la “K”. También podía irme a las estaciones de México, que empezaban con “X”. Ahí tocaban las estruendosas rancheras de mariachi: polkas animadas con acordeón, valses y corridos del bravo estado de Sonora. ¡Sí, señor! Mi padre tenía algunos discos de 78 RPM… Carmen de Bizet, Peer Gynt de Grieg, y de la cantante de flamenco Pastora Pavón conocida como La Niña de los Peines, quien cantaba en una jerga española que no comprendía. Me mataba. De alguna manera podía sentir que no cantaba sobre cosas agradables, ella cantaba acerca de algo esencial. Algo que deseaba mucho y la encendía, como lo que yo sentía cuando extrañaba a mi madre (…)

No recuerdo que en casa nos faltara música: mi padre chiflaba mientras reparaba algo; mi hermano Pete practicaba el “Ave Maria” para su actuaciones con los Tucson Arizona Boys Chorus; mi hermana Suzy suspiraba una canción de Hank Williams, lavando platos; mi hermanito Mike luchaba por tocar el inmenso contrabajo. Los domingos, mi padre se sentaba al piano y tocaba casi cualquier cosa en clave de DO. Cantaba canciones de amor en español para mi madre, y luego unas cuantas de Sinatra, al tiempo que recordaba su vida de soltero antes de tener hijos, las responsabilidades, y la horrible guerra. Mi hermana interpretaba el papel de Little Buttercup para la producción escolar de la ópera H.M.S. Pinafore cuando iba en segundo de secundaria, ella y mi madre podían tocar piezas así del gran libro de Gilbert & Sullivan que teníamos en el piano. Si se ponían de humor juguetón entonaban “Strike Up the Band” o “The Oceana Roll”. Todos hacíamos coros a nuestra madre en “Ragtime Cowboy Joe”.

En caso de aburrirnos por escuchar lo que había en el hogar, emprendíamos la huida recorriendo unos cientos de metros rumbo a casa de nuestros abuelos Ronstadt, donde conseguíamos siempre una agradable dieta de música clásica. Ellos tenían una Victrola y con discos de 78 RPM escuchábamos ópera. La Traviata, La Bohème, y Madama Butterfly eran nuestras favoritas. Los sábados sintonizaban la emisión radiofónica de la Metropolitan Opera o se sentaban al piano probando leer partituras de alguna composición sencilla de Beethoven, Brahms, o Liszt. (…)

La música que escuché en aquellas dos casas antes de cumplir los diez años de edad me proporcionaría el material de exploración para toda mi carrera. Nuestros padres nos cantaban desde que éramos bebés, y durante el ritual nocturno para dormir, con frecuencia incluían una canción fantasmagórica de cuna. Era una canción tradicional del norte de México que mi padre había aprendido de su madre, e iba como sigue:

Arriba en el cielo
vive un coyote
con ojos de plata
y los pies de azogue.

Mátalo, mátalo por ladrón,
lulo, que lulo, que San Camaleón.
Debajo del suelo
que salió un ratón.
Mátalo, mátalo, de un jalón…

Al atardecer, alguien abría una botella de tequila o de bacanora local (destilado de agave típico de Sonora), y la gente comenzaba a afinar las guitarras. Las estrellas parpadeaban y las canciones navegaban dentro de la noche. La mayoría en español, eran canciones hermosas, lamentos de amor, desesperación y abandono. Mi padre a menudo llevaba la voz principal, y entonces se le unían tíos, tías, primos y amistades con las frases que sabían o armonías que inventaban. Nunca se sentía como si fuera una presentación, la música simplemente se volcaba y fluía con el resto de las charlas. A los niños no se nos mandaba a la cama, aunque acurrucados en el regazo de alguien, nos íbamos durmiendo entre el sonido confortable de los cánticos familiares y los murmullos de dos idiomas.

La prodigiosa voz soprano de mi hermano Pete lo posicionaría como solista prominente en los Tucson Arizona Boys Chorus, que alcanzaron amplio prestigio a nivel nacional.

Cada vez que yo me imaginaba a mí misma cantando para el público, era algo así como esto: Me paraba en el proscenio de un foro con un telón real que se abría y cerraba, y cantaba aquellas hermosas notas, altas y puras, enchinando la piel al auditorio. Después de todo, yo era una soprano también y podía cantar tan alto como mi hermano. Quería cantar como él. Recuerdo que estaba sentada junto al piano. Mi hermana tocaba y mi hermano cantó algo que me hizo decirles: “Yo quiero probar cantar eso”. Mi hermana volteó a verlo y dijo: “Pienso que aquí tenemos a una soprano”. Tendría yo como cuatro años de edad. “Soy cantante, es lo que hago”.

Fue como haberme valorado de alguna forma, mi afirmación de la existencia. Me sentí muy a gusto de saber que aquello era yo en la vida: una soprano. En mi consciencia no albergaba el pensamiento de ser famosa o de convertirme en estrella. Sólo quería cantar y ser capaz de hacer los sonidos que yo había escuchado y que tanto me emocionaban. Y entonces un día, a los 14 años de edad, cuando mi hermana y mi hermano cantaban una canción folk llamada “The Columbus Stockade Blues”, salí caminando por un rincón y lancé la nota alta en armonía. La emití con la voz en mi pecho y yo misma me sorprendí. Antes de eso, yo nada más había intentado cantar en un tono alto de falsetto y carecía totalmente de fuerza. (…) Mi padre llevaba a la casa un montón de discos desde México. De ellos, nuestros favoritos eran los misteriosos huapangos, cantados por el Trío Calaveras y el Trío Tariácuri.

Aquellas canciones de las montañas del México profundo tenían ritmos indígenas extraños y melodías vocales que se quebraban en un falsetto conmovedor. También adorábamos la tersura urbana y la orientación al jazz del Trío Los Panchos. Yo me pasaba horas oyendo a la gran cantante ranchera Lola Beltrán. Ella influenció mi estilo de cantar más que nadie. Lola la Grande significó para México lo que Edith Piaf para Francia. Poseía una voz enorme, rica en coloraturas, cargada de drama, intriga, y amargo dolor. A pesar de ser ella una intérprete bravía que cantaba música campirana de México, su voz tenía los mismos elementos dramáticos y emotivos que la cantante de ópera María Callas (…)





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Documental analiza el escándalo de Cambridge Analytica

zuckerberg - Documental analiza el escándalo de Cambridge Analytica


Redacción Colima Noticias

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CN COLIMANOTICIAS

México.- Netflix publicó el trailer del documental basado en el escándalo de Cambridge Analytica, que lleva por nombre ‘El gran hackeo’.

‘El gran hackeo’ analizará cómo Cambridge
Analytica rastreó los datos de 87 millones de usuarios de Facebook para
orientar la publicidad de la campaña electoral de 2016 de Donald Trump.

Toma mucha relevancia en este documental la
periodista Carole Cadwalladr, la periodista de The Guardian que
publicó la historia sobre Cambridge Analytica, además de Christopher Wylie, y
Brittany Kaiser, quienes también son informantes.

‘El gran hackeo’ estará disponible a partir
del próximo 24 de julio.

Sinopsis de ‘El gran hackeo’

El manejo de la «información» se ha convertido en el activo más importante del mercado pese a que, desgraciadamente, es controlado y empleado como arma para manejar a los usuarios y para librar toda clase de guerras políticas. Este documental trata de exponer información referida al uso de la explotación de la información personal empleando el sucesos de Cambridge Analytica/Facebook, en el que se desvelaron datos de cientos de miles de cuentas personales sin autorización previa, como telón de fondo.

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Fuente: PARENTSIS





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