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Dos exposiciones en el Museo Tamayo

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CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Dos propuestas completamente diferentes se exhiben en el Museo de Arte Contemporáneo Internacional Rufino Tamayo. La primera corresponde al artista mexicano Germán Venegas (La Magdalena Tlatlauquitepec, Puebla, 1959), quien muestra un recorrido exhaustivo de su trayectoria.

La otra se llama Construcción de un negocio que nunca tendrá su fin, de María Noboda.

De Venegas aproximadamente se exhiben 350 piezas, dibujos, talla en madera, esculturas, temples y óleos.

Impresionante el despliegue que se ha realizado dentro del museo: Se ocuparon alrededor de mil 200 metros cuadrados. El artista elaboró un buda policromado de 5 metros de altura, que atraviesa y une dos salas para subrayar la unión entre sus dos propuestas, La forma es vacío y el vacío es la forma (2000-2002) y Todo lo otro.

Son tres los temas que abarcan la propuesta retrospectiva de Venegas: La historia del arte, El budismo zen y La mitología prehispánica (especialmente la cosmogonía mexica). Se han seleccionado 15 series.

El recorrido recomendado por el museo empieza por la salas superiores por donde se llega asomar la cabeza de Buda; aquí se distribuyen las piezas que tienen que ver con el universo esotérico, la mitología y las deidades; se muestran dibujos de gran formato, realizados en tinta negra sobre papel que sobresalen por su gran soltura, y amplios recursos dibujísticos así como fuerza expresiva Ehécatld, el dios del viento, y otras deidades; Tlaloc es la que parece tener más relevancia iconográfica para el artista, que representa el Tlalocan, el paraíso de Tlaloc (2015-2017), al cual se ha dedicado una sala donde se muestran esculturas en madera rodeadas por una serie de pirámides y paisajes abstractos.

La historia del arte es, como para muchos pintores, punto de partida y de referencia para abordar la pintura y sus misterios técnicos y conceptuales. Para Venegas, El desollamiento de Marsias, de Tiziano 1570-1576), es una obra que de manera obsesiva y frenética el pintor desdobla en 54 obras que ha nombrado El violín y la flauta (2004-2008).

Estos cuadros casi monocromáticos y repetitivos, que van de lo figurativo a la abstracción, son un registro pictórico de pincelada veloz de una mano que ve y traduce, y de acuerdo a la ficha técnica, parece ser un “como si” la imagen misma estuviera sometida a un proceso de despellejamiento, agregando lo siguiente: “Aunque este acto es claramente cruel, desde el budismo denoto un proceso de desprendimiento, de desapego del ego y de la frustración que genera la búsqueda deliberada de la imagen perfecta.”

En esta sala recibe al espectador una talla en madera de grandes dimensiones de un hombre desollándose, que parece el punto de conexión entre las representaciones budistas y occidentales.

También se han incluido una serie de autorretratos (2006) donde el artista a través del dibujo hace referencia a la muerte y a la práctica para despojarse del ego.

En otra serie, Desnudos eróticos (2005), el artista explora el deseo representado en la historia del arte. En este caso se centra en La Venus en el espejo (1647) del pintor español Diego Velázquez, para terminar pintando sus propias representaciones.

Hay una serie titulada Tlatoanis y Monos (2006-15), una serie de dibujos fantásticos así como tallas y esculturas en madera que denotan un gran oficio.

Está retrospectiva del artista resume de alguna manera su gran interés por abordar artística y personalmente el universo de las dualidades, es decir, lo terrenal y lo religioso, lo humano y las deidades, representadas a través de la pintura, el dibujo, la talla y la escultura.

La muestra permanecerá abierta a hasta el 31 de marzo.

* * *

La segunda muestra que nos ocupa, Construir un negocio que nunca verá su fin, de la artista polaca-alemana María Noboda, nacida en Cracovia en 1979, quien actualmente reside en la ciudad de Berlín.

Esta exposición fue comisionada especialmente por el museo para ella. La propuesta se basa en mitos, rituales, símbolos, íconos, materiales e imágenes del sistema y de las creencias de muchas culturas y épocas.

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Una de las obras de Maria Loboda. Foto: Tomada de Twitter @bellasartesinba

Su obra indaga y reflexiona sobre diferentes acontecimientos políticos y sociales, diferentes manifestaciones humanas así como la supervivencia, que contienen ciertas ideologías en los objetos, en las obras de arte y en la arquitectura.

Incursiona de manera personal y particular sobre el lenguaje, sus límites y también la manera de operar en la traducción, la codificación, así como el encriptamiento de signos y mensajes.

La obra que se exhibe en el museo ha sido realizada in situ que consiste, en un bajo-relieve realizado en un material que parece concreto, que simula una tarjeta que antes se utilizaba y que leían las primeras computadoras, y que guardaba códigos binarios. Este mural tiene una puerta que da acceso a fotografías en color de objetos antiguos del siglo XVI al XIX, donde aparece una mano limpiándolos (sugiriendo que nada dura para siempre y nada es realmente lo que parece). La artista ha manifestado lo siguiente en referencia a esta instalación: “Introduce elementos sobre la relación histórica entre la arquitectura y la arqueología sobre el resguardo y la supervivencia de mensajes y discursos en lo objetos más allá de su uso actual, como también sobre los usos simbólicos de los espacios profanos y sagrados.”

La muestra permanecerá abierta al público hasta el 26 de mayo, 2019 en el Museo Tamayo ubicado en Paseo de la Reforma 51, Bosque de Chapultepec, CDMX.

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