Economía mexicana en 2018: entre la estabilidad y la turbulencia

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No obstante a que 2018 será un año de inflexión política en México, la economía del país y de los estados de la república no tendrá un cambio sustancial en su comportamiento, debido al pronóstico limitado del crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) estimado en un 2.3% por analistas el Banco de México. Lo que se producirá seguirá siendo insuficiente para atender las problemáticas nacionales, tomando en consideración que el PIB per cápita de los mexicanos es uno de los más bajos en América Latina. En el contexto internacional. La renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte podría generar resultados sorpresivos, lo que obliga a un replanteamiento de la relación económica con Estados Unidos, ampliando su acercamiento con Europa y con el resurgido Tratado de Asociación Transpacífica (TPP, por sus siglas en inglés), del que México es integrante.

El 1 de diciembre de 2018 asumirá la presidencia de México, quien haya resultado ganador de la votación del 1 de julio, lo que implica de entrada, tres momentos alrededor de la jornada electoral: uno previo, con una difusión histórica y masiva de las propuestas de los candidatos, lo que envuelve un freno parcial en la fluidez y promoción del gasto público; durante, posibles desacuerdos en los resultados, los que podría culminar en conflictos, violencia y paralización de la economía; posterior, la última etapa de gobierno del presidente en turno, donde se filtrará una gran cantidad de recursos para la generación de infraestructura y apoyo al desarrollo social, lo que deberá alertar la presencia constante de los mecanismos de transparencia, que aseguren su aplicación eficiente.

El proceso electoral de 2018 será el reflejo de un periodo incierto si los resultados de las elecciones no se califican adecuadamente, lo que puede afectar el estado actual de la situación política y económica de México, pero no de su trayectoria histórica, ya que se identifica, que al menos, en los últimos 20 años, permanece un estancamiento asociado a la falta de modernización, dependencia económica con el exterior, mejora de indicadores de calidad de vida, disminución de desigualdades regionales entre el norte, centro y sur, así como el aumento de la inseguridad en todo el territorio nacional, lo que permite asumir que el país, se encuentra en una relativa estabilidad macroeconómica coyuntural versus una profunda inestabilidad microeconómica estructural ¿Cómo se explica dicha postura?

Desde el punto de vista macroeconómico, la realidad del país seguirá encausada por un modelo económico, que le ha concedido aumentar la recaudación de ingresos vía impuestos, las ganancias de empresas paraestatales y la inversión extranjera, lo que ha derivado en que México sea reconocido como una de las economías emergentes de mayor exportación en el mundo. De igual forma, la experiencia negativa del pasado exigió a las instituciones financieras realizar ajustes a sus decisiones de política, lo que permitió la estabilización de la inflación, tasa de interés, tipo de cambio y reservas internacionales. Sin embargo, el aparente equilibrio empezó a complicarse en la segunda mitad del sexenio del Presidente Enrique Peña, motivado por el incremento de los precios de la gasolina, provocando movimientos recientes y atípicos en el incremento de precios y tasa de interés.

Con respecto a la inestabilidad microeconómica, lo que se observa, es que en lo individual, los consumidores y las empresas no han resuelto el tema de la obtención de salarios dignos y de la permanencia en el mercado, respectivamente, existiendo dos circunstancias que dificultan su progreso: una población mayoritaria con un bajo grado de escolaridad y empresas con restringidas propuestas innovadoras y emprendedoras. El resultado de lo anterior continua siendo un alto porcentaje de mexicanos en desempleo, pobreza, marginación y falta de oportunidades, lo que alienta la inseguridad y un crecimiento menor de la economía mexicana. Dicho presente persistiera, sin ser objeto de resolución inmediata por el un nuevo presidente de la república o por los resultados que puedan venir de las reformas económicas, al menos en el corto y mediano plazo.

En conclusión, en 2018 se presume un nuevo desajuste negativo en las principales  variables macroeconómicas de referencia a originarse, en mayor o menor medida, por la liberación de los precios de la gasolina, cuyos impactos concretos aún se desconocen. Tal  circunstancia no podrá ser absorbida por el aumento del salario mínimo, que entró en vigor el 1 de diciembre pasado, lo que en prospectiva, no mejora la situación particular de los consumidores y de las micros, pequeñas y medianas empresas. En síntesis, 2018 será un año complejo, por lo que resulta necesario generar las estrategias oportunas para proteger el empleo, el ahorro, la educación y el patrimonio familiar hasta que la turbulencia política electoral de 2018 haya pasado, en la víspera de contar con un nuevo presidente, que cambie la perspectiva sobre el futuro de México, su economía, la prolongada inestabilidad microeconómica que padece y una presencia más activa en el concierto de las naciones.

Dr. José Manuel Orozco Plascencia

manuel_orozco@ucol.mx

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