El Indio Alonso.-

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Vislumbres
Abelardo Ahumada

¿Ha oído usted hablar del Indio Alonso? Algunos paisanos del siglo pasado solían hablar de él con cierto grado de admiración. Decían que fue un guerrillero villista que hubo en nuestra entidad, pero que además era “magiquero” y “nagual”, porque “tenía el poder de convertirse en diferentes animales” y “enhechizaba gente”.

Con base a tales consejas, y a la idea muy difundida de que dejó varios tesoros enterrados en cuevas del Cerro Grande, se puede afirmar que la vida del Vicente Alonso acabó por convertirse en una leyenda. Pero más allá de los datos legendarios que se puedan decir sobre su persona, un hecho comprobado es que se acaban de cumplir 100 años de su muerte, y que quien lo mató fue “una hermosa, blanca y espigada jovencita de apenas dieciséis años”. Una especie de Dalila local como la bíblica que dejó sin fuerzas al poderoso Sansón.

Pero para que nuestros lectores y el público en general pueda conocer un poco más acerca de la vida y obra de aquel enigmático indígena zacualpeño, este miércoles 6 de diciembre, daré una charla que titulé “La Muerte del Indio Alonso y el Fin de la Revolución en Colima”. A la que están todos ustedes invitados.
La cita es en el Archivo Municipal de Colima, a las 20 horas. Ojalá que puedan acudir.

Razonar un poco.-

Se ha levantado un gran alboroto por el dedazo, el destape y la pre-candidatura de José Antonio Meade Kuribeña. Muchísimos priístas están, según parece, “de plácemes”, y no pocos periodistas e intelectuales presuntamente muy libres e independientes han aplaudido su designación y lo ponderan como “el mejor prospecto que haya podido nominar el PRI”. Pero, por otro lado, en las oposiciones, las críticas han menudeado también y no lo bajan de “priísta encubierto”, “prianista destacado”, “palero de Peña Nieto” y otros calificativos por el estilo.

A mí no me cae mal este señor porque se ha cuidado muy bien en dar la impresión de ser un individuo aparentemente sencillo y honesto, pero por otros detallitos tengo asimismo la idea de que el ex secretario de Hacienda pudiera ser, más bien, un individuo taimado, incluso malévolo, que finge comportamientos para llegar a donde se propone, y para conseguir lo que ha querido conseguir. Lo que lo convertiría en uno de esos individuos camaleónicos que lo mismo le dan cuerda a un poderoso que a otro con tal de salirse con sus propios y ocultos propósitos. Todo ello porque sabiendo cómo son de celosos y de mal pensados los integrantes de las dirigencias de todos los partidos, es casi inexplicable el hecho de que este singular señor haya podido ingresar, ascender y mantenerse en la cúpula del poder político-administrativo desde se incrustó al gabinete ampliado de Ernesto Zedillo Ponce de León.

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Algún lector me podría refutar diciendo que debió ser por su enorme capacidad y eficiencia que José Antonio Meade ha podido contemporizar con cuatro presidentes de la república, sin pertenecer a ninguno de los partidos que los encumbró a ellos. Pero también pudiera ser que su tránsito feliz en cuatro sexenios se haya podido deber, precisamente, a su capacidad camaleónica para camuflarse y pasar, por ende, desapercibido por los depredadores que, como sabemos, en todos los gabinetes y partidos hay.

¿Inocente o culpable? –

Su currículum, en efecto, lo pinta y presenta como un estudiante de dieces, y como un egresado que sabe los secretos de la economía y la administración públicas; pero ¿qué tanto de su presunta eficiencia administrativa se ha empeñado en beneficio del pueblo mexicano?

En la macroeconomía se dan muchas cifras que mediante dibujitos pueden traducirse en gráficas entendibles hasta por un niño de primaria. Y así, si graficáramos cuál ha sido, por ejemplo, el poder adquisitivo de los salarios de los trabajadores frente a los precios de los productos mientras el hoy precandidato ha estado administrando los recursos públicos ¿aparecería en la gráfica una línea ascendente o descendente?

Si nos ponemos a reflexionar un poco podríamos afirmar que una buena parte del gigantesco descrédito que tiene el presidente Peña Nieto se debe al mal manejo del presupuesto y las cuestiones hacendarias que se realiza durante su mandato. Por lo que la pregunta que surge de inmediato es: ¿qué tan culpable o tan inocente es José Antonio Meade del mal estado (o del mal manejo) de los recursos públicos desde su papel como Secretario de Hacienda?

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En el tiempo cuando Calderón le asignó por primera vez ese mismo cargo, se dice que “México alcanzó el máximo nivel de recaudación tributaria”. Y algo por el estilo se está diciendo nuevamente ahora, pero ¿en que nos beneficia a usted, lector, y a mí, el monto gigantesco de lo recaudado, si la mayor parte de esos ingentes recursos van a dar a ese barril sin fondo que es la administración pública que paga salarios y dietas millonarias a los altos funcionarios del gobierno, a los ministros de la Suprema Corte y a los integrantes del Poder Legislativo?

Desde mi perspectiva José Antonio Meade ha servido extraordinariamente bien para vaciar nuestros bolsillos y para financiar con nuestros recursos al gobierno que nos exprime, pero que no nos devuelve en infraestructura y servicios lo que debería en base a esa recaudación extraordinaria orquestada y dirigida por José Antonio Meade y compinches.
¿Es ése el candidato y el presidente que se merece México? Usted, lector, tiene la palabra.

El Pejestorio.-

Antes de que se definiera la situación político-electoral del ex secretario de Hacienda, un muy experto y apreciado amigo periodista (hoy casi en retiro), le comentó a un grupo de amigos que si José Antonio Meade no salía nominado como precandidato del PRI, él se iba a ir “con El Pejestorio”. Obvia alusión al “eterno candidato” al que, por canoso, muchísimos jóvenes en las redes lo identifican como “El Viejito”. Siendo que apenas ronda los 64 años. Mismos que no serían demasiados si, por ejemplo, los comparamos con los de don José Mujica, el ex presidente de Uruguay, nacido en 1935, que cuando asumió la presidencia en 2010 ya tenía 75 años cumplidos; o con los de el Papa Francisco, que dentro de unos diez días estará cumpliendo 81 y sigue gobernando su Iglesia del mejor modo posible.

Pero tal vez algún lector malicioso estará pensando que intencionalmente (y de entrada) estoy comparando al Peje con esos dos grandes hombres, mas no es así. Porque mi comparación en este caso radica únicamente en la edad. Una edad, por cierto, que NO TIENE POR QUÉ SER DESDEÑADA, si tomamos en cuenta que quien cuenta con una edad avanzada puede muy bien ser una persona con UNA GRAN EXPERIENCIA.

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Y si nos atenemos a ello, el tabasqueño es el político más y mejor experimentado de cuantos participan o quieren participar en la contienda presidencial, no sólo porque los demás nunca han ejercido la titularidad del Ejecutivo en ninguna entidad del país, sino porque ninguno, tampoco, conoce a México como lo conoce AMLO, quien le ha dado como cinco vueltas completas a casi todos los municipios del país. Todo ello sin comentar aún que pese al discurso repetitivo del que se le acusa, ha demostrado ser un político sensible en cuanto al modo de vivir de la mayoría de los mexicanos, a quienes mira con empatía porque sufren o padecen hambre, carencias, desprecio gubernamental y otras penurias por el estilo.

Doña Margarita Zavala se parece, en este aspecto, un poco al Peje, y tiene también la mejor de las intenciones, pero le falta el conocimiento que al tabasqueño le sobra, y no tiene, por lo pronto, un equipo suficiente para trabajar.

Alguien sacó por ahí una tabla en la que se comparan los trabajos y los estudios que han realizado José Antonio Meade y Andrés Manuel, entre otros precandidatos, siendo perfectamente claro que, hablando de estudios, empleos, “roce social” de amplio nivel, premios y reconocimientos obtenidos, López Obrador prácticamente se quedó en la primaria comparado con Meade Kuribeña.

Pero no podemos darnos el lujo de desdeñar la formación que la llamada “Universidad de la Vida” le ha dado a El Viejito, durante sus 64 años. Muchos de los cuales ha demostrado ser un gran luchador social, y en los que en un principio llegó a exponer incluso su vida, al atreverse a denunciar y combatir las arbitrariedades que antiguos gobiernos despóticos y totalitarios estaban cometiendo.

Tampoco debe soslayarse la experiencia que necesariamente obtuvo, ni la capacidad que demostró al gobernar “la ciudad más grande y poblada del mundo”. Y frente a estas experiencias de lucha y gobierno, las de Meade Kuribeña, por competente que parezca, no son sino las de un burócrata de altos vuelos. Pero no más.

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