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El narcotráfico recluta a 27 mil niños y adolescentes…  en el Reino Unido

diciembre 8, 2019
El narcotrafico y el reclutamiento de ninos y adolescentes - El narcotráfico recluta a 27 mil niños y adolescentes...  en el Reino Unido

El cáncer del narcotráfico acecha la semilla de la sociedad británica; 27 mil menores de edad pertenecen a diversas organizaciones criminales de Londres, Mánchester y Liverpool, principalmente, para transportar y vender heroína, cocaína, crack y mariguana, revela la Agencia Nacional Contra el Crimen de Reino Unido. Se trata de un problema que lejos de resolverse va en aumento porque, al parecer, los adultos se tardan en detectar las causas que llevan a niños y adolescentes a enrolarse con los cárteles.

LONDRES (Proceso).- Josh, un adolescente de 15 años, fue detenido en un tranquilo pueblo rural del centro de Inglaterra en abril de 2019… Traía mariguana por un valor de 100 libras esterlinas (cerca de 2 mil 540 pesos), y 200 libras en efectivo.

Los agentes incautaron la droga, lo llevaron a su casa y le dieron el dinero a su madre, sin llevar el caso a la justicia ni ofrecerle apoyo alguno. Su madre, que desconocía lo que pasaba, simplemente le devolvió el dinero a su hijo. El menor de edad traficaba estupefacientes y ya planeaba vender cocaína y heroína.

Otro caso similar fue el de Richard, de 13 años, del empobrecido puerto de Dover, en el condado inglés de Kent, quien terminó siendo víctima de traficantes de Londres. Vendía drogas de las más peligrosas (clase A) en los pueblos rurales aledaños, transportándolas en su motocicleta.

El joven quedó implicado en varios hechos de narcoviolencia, incluidos robos, un intento de homicidio y agresiones físicas contra otros adolescentes. Acabó encarcelado por esos delitos.

Josh y Richard son un par de casos de los miles de adolescentes que son reclutados en sus pueblos por organizaciones criminales que operan en ciudades como Londres, Mánchester y Liverpool, y que terminan en la narcoviolencia.

La Agencia Nacional contra el Crimen (NCA, por sus siglas en inglés), organismo de seguridad que depende del Ministerio del Interior británico, reveló en un informe de enero último que el problema se ha convertido en uno de los más graves para las fuerzas de seguridad, tras haber aumentado en 807% desde 2014 en Gran Bretaña.

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La dependencia calcula que al menos 27 mil niños y adolescentes han sido identificados como integrantes de bandas de narcotráfico, que operan armados en la vía pública y protagonizan actos violentos en el país.

 

De acuerdo con las autoridades británicas, las organizaciones del narcotráfico de las grandes ciudades expanden sus operaciones a las zonas rurales, a los pueblos más pequeños, mediante la violencia, para expulsar a los traficantes locales “explotando a los menores de edad y a las personas vulnerables”.

Según las investigaciones, los niños y adolescentes del narco utilizan sus teléfonos celulares para recibir los pedidos de los adictos que residen incluso en zonas alejadas.

La NCA detectó que las drogas más consumidas en Gran Bretaña son la heroína (69%), cocaína (13%) y crack (7%). También ha crecido el consumo de la cocaína en polvo y mariguana, entre otros ­estupefacientes.

La agencia explica que cada vez es más frecuente que el narcotráfico utilice a niños y adolescentes con problemas mentales o de adicción, para transportar drogas o dinero (mulas) y evadir a la justicia.

En algunos casos, los narcotraficantes invaden una vivienda en las zonas rurales, en general de personas vulnerables o con adicciones graves, para utilizarla como base de operaciones.

La policía local llama a ese modus operandi “Hacer el cucú”, en referencia a esas aves que depositan sus propios huevos en nidos ajenos. Los jóvenes explotados muchas veces terminan expuestos a abusos físicos, mentales y sexuales graves.

La NCA explicó que la mayor cantidad de casos de narcotráfico en zonas rurales se origina en Londres, zona cubierta por la Policía Metropolitana; seguida por varias ciudades del centro de Inglaterra, bajo la jurisdicción de la Policía del West Midlands, y en el norte del país, a cargo de la Policía de Merseyside.

La mariguana, el gancho

 

Las investigaciones de la NCA descubrieron que el narco británico suele utilizar la red ferroviaria para controlar su zona de influencia, vía las estaciones de Birmingham, Clapham, Waterloo, St. Pancras (Londres) y Mánchester.

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Entre mayo y agosto de 2018 se registró que eran menores de edad 35% de los sospechosos que traficaban drogas en zonas rurales y utilizaban el tren. Todos estaban en posesión de armas de fuego. Otros medios menos usados son los taxis, autos de alquiler, vehículos particulares y motocicletas.

El reporte revela que son hombres 91% de las mulas en zonas rurales, aunque van en aumento los casos de mujeres que son explotadas para vender droga.

Según la agencia policial, existen jóvenes traficantes de drogas que pueden ganar hasta 800 mil libras al año (cerca de un millón de dólares), lo que representa para muchos un fuerte incentivo para sumarse a las organizaciones delictivas.

En mayo último, la policía detuvo a 600 personas en distintas operaciones contra el narcotráfico en zonas rurales del país; de ellas, 364 eran niños.

En los operativos se confiscaron cocaína, heroína y crack, cuyo valor ascendió a medio millón de dólares, así como dinero en efectivo y 46 armas, incluidos machetes, cuchillos y espadas.

Nikki Holland, portavoz de la NCA, explicó que cada vez más los narcotraficantes buscan convencer a los menores de edad para que vendan drogas en áreas rurales.

Dijo que las enfermeras, maestros, trabajadores sociales y médicos, así como “cualquiera que trabaje con jóvenes o personas vulnerables”, son quienes pueden ayudar a detectar y denunciar cuando un joven está siendo presionado por el narcotráfico.

Para Sonya Jones, asistente social del grupo Young Addaction, que trabaja con niños y adolescentes involucrados en el narcotráfico, la mariguana es la manera más común con la cual se engancha a los menores de edad. “Primero se las ofrecen gratis para crear una supuesta sensación de amistad y confianza entre ellos”.

Continúa la trabajadora social: “Los adolescentes muy rara vez comienzan a traficar con cocaína o heroína. Las bandas de narcotráfico les dan primero pequeñas cantidades de mariguana para vender. No pierden demasiado sin son aprehendidos por la policía; muchos jóvenes lo hacen para beneficiarse de ese dinero adicional que obtienen al principio y del ‘respeto’ que reciben de sus amigos”, agregó.

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Jones explica que en esa etapa los jóvenes muchas veces sienten que controlan la situación. Pero “los narcotraficantes utilizan la excusa de deudas contraídas, lealtad o emplean la violencia para obligarlos a vender las drogas clase A.

De acuerdo con la organización Young Addaction, el trauma de involucrarse con el narcotráfico deja a miles de adolescentes y jóvenes en situación vulnerable: son expulsados de sus escuelas, terminan perdiendo su grupo de amigos, se alejan del núcleo familiar y son testigos y emplean ellos mismos la violencia extrema contra otros.

En la gran mayoría de los casos, terminan siendo aprehendidos y en penitenciarías para menores.

Jones sostiene que uno de los problemas centrales por los que los programas de prevención están fallando es que ni las escuelas ni los servicios sociales o la policía perciben las primeras señales de problemas de esos jóvenes, quienes rápidamente caen y se vuelven parte del engranaje de la narcoviolencia.

“Estos adolescentes rápidamente terminan siendo explotados por adultos sin escrúpulos que los manipulan. Hay una falta total de entendimiento de este problema, el cual está dejando a demasiados jóvenes y niños de Reino Unido en situación de vulnerabilidad extrema”, dice la especialista.

“Seguir mirando para otro lado ante las señales de explotación no ayudará. A medida que estos jóvenes se vuelven adultos, la sociedad deja de percibirlos como víctimas para ser considerados como perpetradores de delitos. Como sociedad debemos hacer mucho más para reconocer los casos de explotación de menores, antes de que ellos terminen en el sistema penal”, agrega.

Este reportaje se publicó el 1 de diciembre de 2019 en la edición 2248 de la revista Proceso

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