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Por: Gustavo L. Solórzano

Los servidores públicos que se dan una importancia que no tienen y que ningún ciudadano merece. Resulta que mucha gente se queja de que el secretario, el presidente municipal, el congresista y hasta el de más abajo, suelen esconderse y/o negarse cuando sus representados o ciudadanos todos, los buscan. Algunos de ellos te llaman “amigo”, incluso te dan su número telefónico, sin embargo no atienden ni llamadas ni mensajes. “Eso sí”, dice un conductor de taxi, “cuando quieren tu voto hasta te abrazan y te dicen, lo que se ofrezca”. Cierto, asevero, el problema es que esos servidores públicos fueron puestos ahí por la autoridad máxima que es el gobernador en turno y más aún, por la sociedad colimense, en este caso, que es quien da el voto de confianza para que trabajen en bien de la ciudadanía.

El señor taxista se explayó mencionando nombres y cargos, mismos que omito porque no es mi idea exhibir a nadie. La triste realidad es que en Colima muchos servidores públicos tienen esa lamentable actitud como característica principal. El desprecio a los ciudadanos que han puesto en ellos su confianza, cuando esa actitud debiera ser de respeto, confianza y consideración, pero sobre todo de gratitud. El detalle empeora cuando trabajadores de diferentes instituciones o dependencias reciben el mismo trato de quienes son sus jefes, dice una trabajadora, “si eso hacen con nosotros, que será con los de afuera”. Nadie quiere canonjías, solo el trato respetuoso que los servidores están obligados a dar a los ciudadanos.

La verdad, resulta decepcionante que los servidores se comporten así, agregaré que en mis más de treinta años como trabajador en áreas de comunicación,  he conocido a más de alguno que raya en el despotismo, abuso de autoridad y mente olvidadiza. Lo peor es que muchos de estos personajes tienen una suerte, van de puesto en puesto y a veces de partido en partido. Naturalmente eso suele ser contraproducente porque hace que el ego de los señalados crezca y en consecuencia recrudecen su deplorable actitud. Otro error en el que incurren los multicitados personajes es que usan a sus partidos para intentar y en ocasiones lo logran, someter a sus colaboradores, so pena de que pueden tener represalias por no participar en actividades partidistas extra laborales. En fin, la lista de faltas al código de ética son muchas y muy variadas; gente así, no debe tener cabida en las instituciones gubernamentales, sindicales, ni partidistas, menos aun sin son sus titulares.

Decía Salvador Zamora González, nombres, nombres, nombres.

ABUELITAS:

Las temidos desechables de plástico, de unicel y otros, siguen ocupando un lugar en los comercios y establecimientos varios de manera indiscriminada. Es URGENTE que sean eliminados de una vez y para siempre y que en su lugar se adopten otras medidas amistosas con el medio ambiente y la vida misma. Necesario que las autoridades sigan velando por el bienestar ciudadano. Es cuanto.





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