Independentista: Josefa Ortiz de Domínguez

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Las mexicanas no han vivido de espaldas a las circunstancias que conciernen a sus familias y por ello, más allá del amor filial y apoyo a hermanos, padres y esposos, ellas luchan también por sus ideas y principios. Olympia de Gaouges (1748-1793) escribió: “La mujer tiene el derecho de subir al cadalso, igualmente, debe tener el derecho de subir a la tribuna. Es posible que así pensase doña María de la Natividad Josefa Crescencia Ortiz Téllez-Girón (1768–1829), la dama de la insurgencia, La Corregidora, benemérita del estado de Querétaro. “Josefa Ortiz no es meramente la iniciadora de la Independencia mexicana, que ya sería bastante; ella arriesga su vida confortable, porque va más allá de la figura de esposa y de su derecho de nacimiento, como patriota, ve una promesa de libertad”.

Cabe recordar que la clase criolla promueve la independencia, no de España, sino de Francia, tras la invasión napoleónica, para derrocar a José Bonaparte en favor de Fernando VII. En 1808 se forman las Juntas de gobierno y, como un efecto dominó, se dará la fragmentación del imperio español. En Nueva España el levantamiento se transforma, de insurrectos a independentistas, al concretarse la idea separatista. Josefa es criolla, nace en Valladolid (Morelia), hija del capitán Juan José Ortiz, muerto en acción de guerra, y María Manuela Girón; huérfana, bajo la tutela de su hermana María Sotero Ortiz, ingresa al Colegio de las Vizcaínas, y en 1791 desposa a Miguel Domínguez (1756–1830), corregidor de Querétaro.

Josefa se identifica con los problemas criollos y se hace eco de las reivindicaciones de los indígenas, su lucha está vinculada al proceso de Independencia, que se fragua en la región centro de México e inicia en 1810, a partir de la conspiración de Querétaro; al ser descubierta, Josefa Ortiz, a riesgo de ser capturada, informa a los conspiradores. Su casa estaba sobre el departamento de Ignacio Pérez, alcalde de la prisión, a quien Josefa llama mediante señal convenida para casos de emergencia: da unos golpes al piso, él sube y escucha el mensaje; alertar a Ignacio Allende, “el prometido de su hija”, quien le había dicho a Josefa: “Madre, amo al capitán Allende con toda la fuerza de mi alma, pero este cariño no es incompatible con el amor a la patria, a la tierra”.

Josefa Ortiz no sale bien parada de su valiente y arriesgada acción, ella y su esposo son delatados por Joaquín Arias. Josefa es llevada al convento de Santa Clara y Miguel al de Santa Cruz. Juzgado y destituido, Miguel Domínguez es liberado gracias a la intervención popular. Siendo corregidor, entre otras acciones, se opuso a una medida, cuyo propósito era sanear la hacienda real y recaudar fondos mediante la venta de los bienes de las obras pías e instituciones benéficas que arrendaban tierras a bajo precio.

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En 1814, Josefa es trasladada a la Cd. de México, al convento de Santa Teresa; pese a los esfuerzos de Miguel como abogado, es declarada culpable de traición y transferida al convento de Santa Catalina de Sena, más estricto; la familia Domínguez vivirá una situación muy precaria, pues Josefa está prisionera, Miguel Domínguez enfermo gravemente y no disponen de ingresos para mantener a sus 14 hijos; dos eran de un matrimonio previo de Miguel y 12 de ambos.

Siete años más tarde, en 1817, el virrey Juan Ruiz de Apodaca reconoce el derecho de Miguel Domínguez a percibir un sueldo por los servicios prestados, y en junio libera a Josefa. En 1822, Agustín de Iturbide le ofrece a Josefa Ortiz de Domínguez ingresar en la Corte como dama de honor de su esposa, Dña. Ana Duarte; Josefa rechaza el ofrecimiento, aduciendo que “la instauración de un Imperio es contraria a los ideales por los que se había luchado durante el proceso de emancipación.”

Al paso de los años, Josefa Ortiz se relaciona con liberales radicales de las logias yorquinas, fue condecorada, pero nunca acepta recompensa alguna por su apoyo en favor de la Independencia, pues opinaba: “No he hecho más que cumplir con mi deber de buena patriota”.

Doña Josefa Ortiz de Domínguez fallece en México a los 61 años de edad, es enterrada en el convento de Santa Catalina; en 1847, sus restos serían exhumados y llevados con honores a Querétaro, ciudad donde reposan junto con los de su esposo, don Miguel Domínguez, en el Panteón de Queretanos Ilustres, en el mausoleo del antiguo huerto del convento De la Cruz.

 

Fuentes citadas:

Declaración de los Derechos de la Mujer.

  1. R. Adams. Notable Latin American Women. 1995.

Rev. Ferronales, v. 16, 1945, p. 733.

 

mirtea@ucol.mx

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