La inútil disputa por el segundo lugar

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En política electoral lo más importante es ganar. No hay otras opciones. Tampoco honrosos segundos lugares. Ganar lo es todo. La elección es para definir quién logra tener la mayoría de votos para que gobierne. Un solo candidato alcanzará este objetivo. Así es la democracia.

Esta elección 2018 ha resultado distinta a las demás. Hasta cierto punto es atípica. Por ejemplo, no hay una competencia real entre candidatos. La fotografía de hoy es igual a la del principio. López Obrador aparece en primer lugar, Anaya en segundo y Meade en tercero.

La posiciones no se han modificado después de 70 días de campaña. Lo paradójico es que lo fuerte de esta elección se centró en la contienda por el segundo lugar. A lo largo de la campaña, los candidatos que se ubican en segundo y tercer lugar han sostenido múltiples enfrentamientos.

Se han dado con todo. Ambos disputan fuertemente el segundo lugar. Lo sorprendente es que cada roce, cada descalificación entre ellos, cada spot o video que se utiliza para atacarse uno al otro, traen como resultado una mayor intención de voto a favor de López Obrador. Por eso avanza y avanza.

La disputa entre Anaya y Meade hasta ahora ha sido estéril en muchos sentidos. Solo se han hecho daño mutuamente, se debilitan entre sí. Pero la disputa continúa y siguen apareciendo nuevos videos de campaña sucia entre ellos. En la obsesión por anularse uno al otro, dejaron solo al candidato de Morena.

Todo indica que la estrategia electoral tanto de Anaya como de Meade consiste en llegar a un final de campaña donde solo haya dos candidatos: López Obrador y Anaya o López Obrador y Meade. Por eso Anaya apela insistentemente al voto útil. Sostiene que votar por Meade es ocioso, ya que él es el único que puede ganar a López Obrador.

En cambio, Meade busca eliminar de la contienda a Anaya para que al final el elector pueda hacer una comparación persona a persona entre López Obrador y él. Meade confía en que comparando uno a uno, tiene mejores atributos y que sin duda los electores preferían votar por él.

Por eso desde el inicio ambos están enfrascados en una disputa por el segundo lugar. Lo extraño es que, faltando 20 días para la elección, aún estén tramados en esta contienda bilateral. No se han dado cuenta de que el tiempo se acaba y que su estrategia ha sido inútil.

Si al final alguno de los dos logra su objetivo de enfrentarse en solitario con López Obrador, llegará a la contienda muy golpeado, debilitado y fatigado. Tendrá el orgullo de alcanzar un segundo lugar que será completamente improductivo para fines electorales.

En la recta final de esta campaña solo quedan dos opciones: que Anaya y Meade se unifiquen en contra de López Obrador, o que alguno de ellos capitule y dé su respaldo electoral al candidato de Morena. Estas son las únicas posibilidades que ambos tienen para ganar, quizá no la elección, pero sí algunas otras cosas más.

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