«Respeto es todo», dice Leonardo Boff

respeto - "Respeto es todo", dice Leonardo Boff


Gabriel Ramírez

Una de las heridas que más sufre el mundo, también entre nosotros, es seguramente la falta de respeto. Es el tema de la reflexión del teólogo brasileñorespeto - "Respeto es todo", dice Leonardo Boff

Regeneración, 22 de junio del 2019. Respeto, es el tema de la reflexión humanista y espiritual de uno de los teólogos más conocidos del cristianismo en la actualidad.

Respeto es todo

Por Leonardo Boff

Una de las heridas que más sufre el mundo, también entre nosotros, es seguramente la falta de respeto.

El respeto exige, en primer lugar, reconocer al otro como otro, distinto de nosotros.

Respetarlo significa decir que tiene derecho a existir y a ser aceptado tal como es.

Esta actitud no convive con la intolerancia que expresa el rechazo del otro y de su modo de ser.

Así un homoafectivo o alguien de otra condición sexual como los LGBT no deben ser discriminados, sino respetados, en primer lugar por ser personas humanas, portadoras de algo sagrado e intocable: una dignidad intrínseca a todo ser con inteligencia, sentimiento y amorosidad.

Y seguidamente, garantizarle el derecho a ser como es y a vivir su condición sexual, racial o religiosa.

Con acierto dijeron los obispos del mundo entero, reunidos en Roma en el Concilio Vaticano II (1962-1965), en uno de sus más bellos documentos, “Alegría y Esperanza” (Gaudium et Spes):

«Cada uno debe respetar al prójimo como “otro yo”, sin excepción de nadie» (nº 27).

En segundo lugar:

El reconocimiento del otro implica ver en él un valor en sí mismo, pues al existir, lo hace como único e irrepetible en el universo, y expresa algo del Ser, de aquella Fuente Originaria de energía y de virtualidades ilimitadas de donde procedemos todos (la Energía de Fondo del Universo, la mejor metáfora de lo que significa Dios).

Cada uno lleva en sí un poco del misterio del mundo, del cual es parte.

Por eso entre el otro y yo se establece un límite que no puede ser transgredido: la sacralidad de cada ser humano y, en el fondo, de cada ser, pues todo lo que existe y vive merece existir y vivir.

El budismo, que no se presenta como una fe sino como una sabiduría, enseña a respetar a cada ser, especialmente al que sufre (la compasión).

La sabiduría cotidiana del Feng Shui integra y respeta todos los elementos, los vientos, las aguas, los suelos, los distintos espacios.

De igual modo, el hinduismo predica el respeto como no-violencia activa (ahimsa), que encontró en Gandhi su arquetipo referencial.

El cristianismo conoce la figura de San Francisco de Asís, que respetaba a todos los seres: la babosa del camino, la abeja perdida en el invierno en busca de alimento, las plantitas silvestres que el Papa Francisco en su encíclica “sobre el cuidado de la Casa Común”, citando a san Francisco, manda respetar porque, a su modo, también alaban a Dios (nº 12).

En el documento antes mencionado, los obispos amplían el espacio del respeto afirmando:

El respeto debe extenderse a aquellos que en asuntos sociales, políticos y también religiosos, piensan y actúan de manera diferente a la nuestra “(nº 28).

Tal llamamiento es de actualidad para nuestra situación brasileña, empapada de intolerancia religiosa (invasión de terreiros de candomblé), intolerancia política, con apelativos irrespetuosos a personas y a actores sociales o de otra lectura de la realidad histórica.

Hemos visto escenas de gran falta de respeto por parte de alumnos contra profesoras y profesores, usando violencia física además de la simbólica, con nombres que ni siquiera nos atrevemos a escribir.

Muchos se preguntan: ¿qué madres tuvieron esos alumnos?

La pregunta correcta es otra: ¿qué padres han tenido?

Corresponde al padre la misión, a veces costosa, de enseñar el respeto, imponer límites y trasmitir valores personales y sociales sin los cuales una sociedad deja de ser civilizada.

Actualmente, con el eclipse de la figura del padre, surgen sectores de una sociedad sin padre, y por eso, sin sentido de los límites y del respeto.

La consecuencia es el recurso fácil a la violencia, incluso letal, para resolver desavenencias personales, como a veces hemos visto.

Armar a la población, como pretende el actual Presidente brasileño, además de ser irresponsable, sólo favorece la falta peligrosa de respeto y el aumento de la ruptura de todos los límites.

Por último, una de las mayores expresiones de falta de respeto es hacia la Madre Tierra, con sus ecosistemas superexplotados, con la espantosa deforestación de la Amazonía y con la excesiva utilización de agrotóxicos que envenenan suelos, aguas y aires.

Esta falta de respeto ecológico puede sorprendernos con graves consecuencias para la vida, la biodiversidad y para nuestro futuro como civilización y como especie.

*Leonardo Boff. Teólogo de la liberación y filósofo brasileño

Si quieres informarte más, visita: Regeneración

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Cambiar la manera de habitar la casa común dice Leonardo Boff

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Gabriel Ramírez

Boff, teólogo de la liberación reflexiona la irracionalidad de nuestro estilo de vivir, retoma a la naturaleza como maestra y la relación con el todo 

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Regeneración, 24 de mayo del 2019. Boff, Leonardo, teólogo brasileño de la liberación, pone al centro de las preocupaciones humanas la ecología y ensaya fragmentos para un discurso ecológico.

El autor subraya la necesidad de cambiar la manera de habitar la casa común.

Ecología en fragmentos: Todo está relacionado con todo

Por Leonardo Boff*

La ecología se ha transformado en el contexto general de todos los problemas, proyectos oficiales y privados.

A ella está ligado el futuro de nuestro planeta y de nuestra civilización. De donde se deriva su importancia ineludible.

O cambiamos de manera de habitar la Casa Común o podemos conocer situaciones ecológicas y sociales dramáticas, dentro de no mucho tiempo.

Aquí van fragmentos de un discurso ecológico, parte de un Todo más grande y vasto.

1.-La irracionalidad de nuestro estilo de vivir

El modelo de sociedad y el sentido de la vida que los seres humanos han proyectado para sí, por lo menos en los últimos 400 años, están en crisis.

Este modelo nos hacía creer que lo importante es acumular gran número de medios de vida, de riqueza material, de bienes y servicios a fin de poder disfrutar de nuestro corto paso por este planeta.

Para realizar este propósito nos ayudan la ciencia que conoce los mecanismos de la naturaleza y la técnica que hace intervenciones en ella para beneficio humano. Se ha procurado hacer eso con la máxima velocidad posible.

En definitiva, se busca el máximo beneficio con el mínimo de inversión y en el tiempo más breve posible.

El ser humano, en esta práctica cultural, se entiende como un ser sobre las cosas, disponiendo de ellas a su gusto, nunca como alguien que está con las cosas, conviviendo con ellas como miembro de una comunidad mayor, planetaria y cósmica.

El efecto final y triste, solamente ahora visible de forma innegable, es el que se expresa en esta frase atribuida a Gandhi: “la Tierra es suficiente para todos, pero no para los consumistas”.

Nuestro modelo civilizatorio es tan absurdo que, si los beneficios acumulados por los países ricos se generalizaran a los demás países, necesitaríamos otras cuatro Tierras iguales a la que tenemos.

Ello muestra la irracionalidad que este modo de vivir implica. Por eso el Papa Francisco en su encíclica “sobre el cuidado de la Casa Común” pide una radical conversión ecológica y un consumo sobrio y solidario.

  1. La naturaleza es maestra

En momentos de crisis civilizatoria como nuestra es imperioso consultar a la fuente originaria de todo: la naturaleza, la gran maestra. ¿Qué nos enseña?

Ella nos enseña que la ley básica de la naturaleza, del universo y de la vida no es la competición, que divide y excluye, sino la cooperación, que suma e incluye.

Todas las energías, todos los elementos, todos los seres vivos, desde las bacterias y los virus hasta los seres más complejos, estamos todos inter-retro-relacionados y, por eso, somos interdependientes. Uno coopera con el otro para vivir.

Una red de conexiones nos envuelve por todos los lados, haciéndonos seres cooperativos y solidarios. Queramos o no, esta es la ley de la naturaleza y del universo. Y gracias a esta red de interdependencias hemos llegado hasta aquí.

Esa suma de energías y de conexiones nos ayuda a salir de las crisis y a fundar un nuevo ensayo civilizatorio.

Pero nos preguntamos:

¿somos suficientemente sabios para hacer frente a situaciones críticas y responder a los nuevos desafíos?

3. Todo está relacionado con todo

La realidad que nos rodea y de la cual somos parte no debe ser pensada como una máquina sino como un organismo vivo, no como constituida de partes estancas, sino como sistemas abiertos, formando redes de relaciones.

En cada ser y en el universo entero prevalecen dos tendencias básicas:

Una es la de autoafirmarse individualmente y otra la de integrarse en un todo mayor.

Si no se autoafirma corre el riesgo de desaparecer. Si no se integra en un todo mayor, corta la fuente de energía, se debilita y puede también desaparecer.

Es importante equilibrar estas dos tendencias.

En caso contrario caemos en el individualismo más feroz –la autoafirmación– o en el colectivismo más homogeneizador – la integración en el todo.

Por eso siempre tenemos que ir y venir de las partes al todo, de los objetos a las redes, de las estructuras a los procesos, de las posiciones a las relaciones.

La naturaleza es, pues, siempre co-creativa, co-participativa, ligada y re-ligada a todo y a todos y principalmente a la Fuente Originaria de donde se originan todos los seres.

4.-Desde el comienzo está presente el fin

El fin está ya presente en el comienzo.

Cuando los primeros elementos materiales después del big bang empezaron a formarse y a vibrar juntos, ahí se anunciaba ya un fin: el surgimiento del universo, uno y diverso, ordenado y caótico, la aparición de la vida y el irrumpir de la conciencia.

Todo se movió y se interconectó para dar inicio a la gestación de un cielo futuro, que empezó ya aquí abajo, como una semillita, y fue creciendo y creciendo hasta acabar de nacer en la consumación de los tiempos.

Ese cielo, desde el comienzo, es el propio universo y la humanidad llegados a su plenitud y consumación.

No hay cielo sin Tierra, ni Tierra sin cielo.

Si es así, en lugar de hablar de fin del mundo, deberíamos hablar de un futuro del mundo, de la Tierra y de la Humanidad que entonces serán el cielo de todos y de todo.

  • Leonardo Boff, es brasileño, uno de los inspiradores de la teología de la liberación. Sus opiniones se difunden por medio de los servicios de Koinonía

 

Si quieres informarte más, visita: Regeneración

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