RADIOGRAFIA POLITICA De: Aquiles Cruz y Ramales /// *.-De plumas alquiladas y ética perdida.

AQUILES
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En la democracia el ciudadano no está obligado a obedecer a cualquiera; o si obedece, es a condición de mandar él a su vez; y he aquí cómo en este sistema se concilia la libertad con la igualdad

Aristóteles, Política, VII, 1.4

Dado lo prostituido que esta el oficio, por tipos que se asumen y hasta se presentan como periodistas- sin serlo—otros que cual prostitutas reciben dinero para alquilar sus plumas en lisonjas y defensas y premoniciones sobre posiciones políticas del que les pago, No me voy a alargar ni me vestiré de blanco  para loar las virtudes del periodismo equidistante. Nada más lejos de mi intención: este oficio no tiene nada que ver con la neutralidad, si hablamos de política. Sí con la honradez y la objetividad a la hora de conseguir datos. Y un tremendo respeto hacia los lectores.

Se puede practicar desde la opinión porque también es periodismo. De hecho, yo lo he intentado siempre: ni una columna salía firmada por mí que no tuviera links que invitaran a profundizar más. O de un dato que no se conocía o que se ocultaba he armado un texto completo, incluso ficcionado, que buscara provocar su interés, abrir su apetito de saber qué, quién, cómo, cuándo y por qué pasa lo que pasa.

He hablado con parlamentarios difuntos en el Congreso, se me ha aparecido Buendía  en mi oficina para decirme que en realidad es crítico alegre  (huy, el humor en política, qué infravalorado está), he contado alguna intimidad mía para explicar, por ejemplo, cómo mi alumna aprendía a decir recortes y groserías en broma, que es lo más nos importa. He rabiado como cabron ante ignorantes y como ciudadano ante el gobernante en turno, el águila serrana, Vásquez Colmenares, Heladio Ramírez López, hasta llegar a Gabino Cué, en fin. Tantos. No incluyo los links porque sería el colmo del autobombo del columnista. Si les apetece, los buscarán.

Y, sin embargo, estoy haciendo lo contrario de lo que hace ya unos años me comprometí a hacer. Aquí viene el drama: hablando yo, no los estoy dejando hablar a ustedes. Cada vez que comparten o comentan un artículo mío con un “yo no lo habría dicho mejor” o similar, sufro. Porque nadie podrá decir mejor que ustedes lo que ustedes quieren decir. Porque, de alguna manera creo, estoy evitando que ustedes se pronuncien, y que actúen.

Pero es que yo no soy experto en nada, y les voy a contar un secreto: ningún periodista lo es. Como muchos, tenemos ciertas habilidades para encontrar primero, y conectar este con aquel dato después, recordar y rescatar del disco duro aquello que se dijo y que está relacionado, y tirar de la agenda para llamar a quién nos puede ayudar a explicarlo.

Esto es lo que yo pongo en valor. Brillamos cuando hacemos información, pero nos diluimos entre politólogos, expertos en marketing político e incluso militantes de partidos cuando hacemos opinión.

Cada vez es más difícil distinguirnos los unos de los otros. Pero se puede, y el truco para nosotros es cumplir dos condiciones: decir que lo estamos haciendo (opinar, no informar) y tener otro ámbito de trabajo donde hagamos información. Yo cumplo la primera, pero no es suficiente, y hasta que no pueda marcar el stick en la segunda, me bajo aquí.

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Hay otros que tampoco la cumplen y siguen. Cada día, redundándose en textos previsibles al doscientos por cien que no aportan nada más que crispación. A uno y al otro lado del espectro editorial. “Es lo que más se lee”, me confirmó un editor hace poco. “Y es lo más barato de conseguir”, me dijo otro. Bien, la decisión es de cada cual. La mía, está en este texto de hoy.

No voy a hablar de los que no cumplen la primera condición, que también hay muchos, y les confieso que me da pánico que me confundan con uno de ellos. Vamos, que me quita el sueño,de que sirvieron mis años en la Universidad…digo; y no estoy de llorón.

Permitidme, además, que hable un poco de lo que yo pretendo aportar: no quiero convencerlos de que EPN ha mentido y varias veces con la reforma energética: quiero dar información para que lo deduzcan ustedes caros lectores y, además, quiero trabajar para que puedan preguntarse directamente y que se vean en la responsabilidad de contestar y justificar ustedes mismos un razonamiento.

Como yo mismo. Hoy mismo que abriría el debate, si pudiese. Ni pontificaré más sobre las medidas retrógradas de Gabino sin construir un diálogo donde profesores, estudiantes y alumnos den mil y un argumentos mejores que yo, siendo ustedes los verdaderos expertos. No quiero destripar la ponzoña de la 22 para hacerle el juego al neoliberalismo antisindical si no produzco un espacio para analizar el futuro de la organización ciudadana laboral, pero también social.

Y nada de eso lo haré desde una columna de opinión. De hecho, ya tengo el embrión y lo testé hace un tiempo, aquí lo tenéis por si les pica la curiosidad. Si en realidad, siempre ha sido suyo.

Desde aquí doy las gracias a los compañeros que tienen a bien reproducir mis columnas y notas sueltas, y a estos locos de la web por  cederme un espacio y compartir tinta. En los enlaces tienen todo lo que he escrito para ellos. Ellos y varios más saben que, disfrutándolo como lo disfruto, no es ésta la mejor parte de mí que pueden incorporar a su proyecto. Conocen las otras, que son las que voy a pelear. Cuando eso llegue –segunda condición, remember– no os libraréis ni de mí ni de mis opiniones de política, que llegarán para acompañarlos en sus decisiones (y azuzaros un poquito, no digo que no), pero nunca para sustituirlas o paralizarlas, que es una sospecha que tengo: el PRI como neutralizador de la acción ciudadana, la que de verdad cambia las cosas, y no nuestro ego de periodistas.

Yo que vengo de la infantería, de esos reporteros de cargar cámara y libreta sin credencial  y creo tanto en la critica constructiva para hacer la democracia más fuerte, o para hacerla real dados los últimos empellones, los dejo de la forma más coherente: Feliz Noche (quina mandra) y…. fuuaa, esto ha quedado como borde, y no es la idea. Repito: nos vemos por esas calles de Dios. Sayonara

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