#Sentenciados: Ana planea el ‘crimen perfecto’

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La escena era digna de una cinta de terror: Tres adolescentes habían participado en el crimen de un hombre a quien dispararon y posteriormente atropellaron, dejándolo abandonado en un paraje solitario de Guaymas.

No estaban en sus cinco sentidos, pues además de haber bebido alcohol por varias horas, eran presas del miedo y la angustia por lo que horas antes habían hecho. En su rápida huida el auto se les atascó en una zanja.

Decidieron llamar a Alejandra, para que fuera por ellas. “¿Puedes venir por nosotras?, nos quedamos tiradas aquí en el Delfinario”, dijo Ana a Alejandra vía telefónica. La mujer fue entonces por las chicas en compañía de una vecina.

Dado que estaban tomadas, Alejandra no notó el nerviosismo de sus amigas, ni éstas le contaron lo sucedido. La adolescente, que había acordado con Ana repartirse el dinero que Pedro pagaría por matar a David, se enteró a los dos días por medio del periódico local.

Mientras, en esa cálida noche de agosto, el cuerpo de David yació en el piso durante varias horas, envuelto en sangre, a un costado de su carro.

Eran alrededor de las 6:00 horas del lunes 25 de agosto cuando Alberto, hermano de David pasó por el lugar acompañado del padre de ambos rumbo a un rancho donde trabajaban. A unos 800 metros de la carretera divisó el carro de su hermano.

Que el auto estuviera ahí abandonado les pareció raro, por lo que se acercaron. Lo primero que vieron era que las puertas trasera y delantera del lado del chofer se encontraban ensangrentadas.

Alberto alzó su vista y vio a su hermano tirado en la tierra, con su cuerpo bañado en sangre. El destino tenía una sorpresa preparada: David estaba inconsciente, pero no había muerto, su cuerpo había resistido al plomo y al atropellamiento.

Enseguida llamó a los cuerpos de auxilio y con ellos llegaron las autoridades, quienes iniciaron una investigación. Con lo único que contaban era con una vaga declaración de David, lo que había visto su hermano Alberto, y el auto abandonado donde viajaban las
adolescentes.

EL ARRAIGO

Dado que era un intento de homicidio las autoridades comenzaron una indagación de oficio. Dos días después, la tarde del 27 de agosto, la agente del Ministerio Público especializada arraigó a Lucía, Ana y Aitana.

El 29 de agosto de 2007, fue detenida Alejandra. El Juez Segundo de Primera Instancia de lo Penal del Distrito Judicial de Guaymas, Sonora ratificó los arraigos. Durante esa reclusión a las jóvenes se les tomó su declaración.

El 31 de agosto de ese año, la Agente del Ministerio Público Especializada en Procuración de Justicia para Adolescentes, remitió al Juzgado de Primera Instancia con sede en Hermosillo la averiguación previa contra las tres jóvenes.

El delito del que se les acusaba era homicidio calificado en grado de tentativa en agravio de David, por lo que se solicitó a un juez la orden de aprehensión que fue liberada el 1 de septiembre de ese año.

Las adolescentes fueron internadas de manera cautelar en el Centro de Internamiento “Granja San Antonio” en Guaymas.

Aitana fue la primera en declarar lo ocurrido el día de los hechos. Ella no sabía, hasta ese domingo 24 de agosto, el acto que sus amigas estaban a punto de realizar.

“Pregunté que si a qué se referían y Ana contestó que a matar a su amigo ‘Dave’, pero yo pensando que era una broma pues días antes en la escuela Ana nos había dicho que tenía un ‘trabajito’ y que se iba a agarrar un dinero.

“Yo me agaché y escuché el ruido de cuando lo atropellaron, luego Lucía le preguntó a Ana que si estaba segura que el ‘Dave’ estaba muerto, y Ana respondió que sí, que se había quedado tirado”, declaró Aitana ante las autoridades.

Ana dijo en su declaración que esa noche intentó dispararle a David, pero no pudo, algo se lo impidió. Pero el impulso de Lucía y el miedo a que Pedro, quien la había contratado para el trabajo, le hiciera daño a su familia, terminaron por animarla.

“David se bajó del carro y me preguntó que si quién le había pegado, le dije que yo, pero que me habían obligado, intenté ayudarle, pero por los nervios mejor me subí al carro”, explicó la adolescente ante el juzgador.

La tercera joven implicada, Lucía, azuzó a Claudia para que disparara y acabara de una vez por todas con el trabajo que le habían encargado, según su declaración.

“Le dije que si tenía que hacerlo que lo hiciera, metí la mano debajo del asiento, saqué la pistola y se la di a Ana, pero me la dejó en las piernas y se fue a platicar con David, luego regresó y me dijo que no podía, yo nomás le contesté: Tú sabes”, expresó.

LAS PRUEBAS

Entre las pruebas que tomó el Ministerio Público y el juez figuraron la inspección ocular por peritos en el lugar de los hechos y los vehículos asegurados, la fe ministerial de lesiones, así como el dictamen médico practicado a David.

El Ministerio Público clasificó entonces el delito por el que se acusó a las menores a homicidio calificado, con premeditación, alevosía y traición, en grado de tentativa, con retribución dada o prometida.

Se acreditó la premeditación con la declaración de Pedro el adulto que contrató a Ana para que matara a David, pues manifestó la intención de matar al hombre, así como con los dichos de Lucía y Alejandra, quienes conocieron la intención inicial y aceptaron participar.

La alevosía quedó comprobada cuando Ana y Lucía, conscientes de sus intenciones decidieron llamar a David fingiendo una falla del auto y lo citaron en un paraje desierto, donde lo sorprendieron y atentaron contra su vida, sin dar oportunidad a que se defendiera.

Hubo traición porque las adolescentes violaron la confianza que David había depositado en ellas, la cual se vio traicionada cuando trataron de quitarle la vida.

Al final, y a pesar de las pruebas, la magistrada del Primer Tribunal Unitario Regional de Circuito especializado en Justicia para Adolescentes del Estado de Sonora, reclasificó el delito a homicidio simple doloso, en grado de tentativa.

Se dictó internamiento de las menores en el Instituto de Tratamiento y de Aplicación de Medidas para Adolescentes (Itama) en Hermosillo, debido a que las edades de las jóvenes fluctuaban entre los 14 y los 15 años de edad.

A Ana, quien disparó contra David, se le dictó una sentencia de tres años de internamiento, a Alejandra de dos años y cuatro meses, mientras que a Lucía se le sentenció a 2 años de internamiento.

Pedro, quien contrató Ana, fue juzgado en un proceso por separado.

Parte 1

Ana, de 14 años, hace un pacto para matar

Antes de hacer la llamada, todavía había tiempo de arrepentirse, pero en ese momento su mente infantil distorsionó la supuesta madurez de pensamiento que muchos le atribuían. Alejandra tomó su teléfono y sin titubear marcó los 10 dígitos de su conocida.

Ni siquiera le tembló la voz cuando dijo: “Pedro quiere matar a una persona y te va a pagar, aviéntate el jale”.

En apariencia Pedro era feliz en su matrimonio con Diana. Se veían ante la gente como una pareja normal, pero había algo que no lo dejaba vivir en paz: La existencia del ex esposo de su ahora mujer.

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Por diferencias personales Diana se separó de David, un hombre con quien estuvo casada unos años. Pero a Pedro el solo hecho de pensar que su esposa había tenido a otro hombre antes que él, lo hacía reventar de celos.

En varias ocasiones Pedro se sorprendía a sí mismo pensando en la forma de hacerle daño a David, su obsesión llegó al grado de decidir que le quitaría la vida, pero no sería él quien lo hiciera, sino que contrataría a alguien para ese trabajo.

David, quien era conocido como “El Dave” por sus amigos y allegados, tenía un taller mecánico en Guaymas, ciudad donde también vivía Pedro con Diana. Era un hombre tranquilo de entre 25 y 30 años de edad.

Era julio del año 2007 cuando Pedro en su coraje contra David decidió abrirse y contarle a Alejandra, una amiga de él, menor de edad, sus planes contra “El Dave”, para de una vez mitigar su odio.

Alejandra, con 14 años de edad, era una adolescente que estudiaba la secundaria en una escuela del puerto. Su perfil era el de una niña adelantada a su edad y con afinidad para platicar y socializar con personas mayores.

La menor le dijo a Pedro que ella podía conseguir a alguien que hiciera el trabajo de asesinar a David pero tendría que haber un pago de por medio, hecho que el hombre aceptó. Alejandra entonces le pasó el número telefónico de una persona.

Se trataba de otra chica, también de 14 años de edad, de nombre Ana, a quien le marcó antes para acordar una entrevista con Pedro.

EL TRATO Y EL ARMA

A finales de julio de 2007, el hombre citó a Ana en el estacionamiento del Estadio de Beisbol de Guaymas y le explicó la situación, llegaron a un acuerdo y le entregó a la muchacha 5 mil pesos como adelanto de 40 mil que le pagaría en total.

Le dio también un carro y una pistola automática y le enseñó una foto de quien sería su víctima, le proporcionó sus señas particulares, así como la dirección dónde encontrarlo.

Ana se fue a su casa esa noche pensando en la situación y el encargo que tenía que cumplir. Para no lidiar sola con ese problema decidió contar lo que haría a su amiga Lucía, otra compañera de estudios.

En una primera ocasión, Ana merodeó en el carro que le había dado Pedro, por enfrente del taller de David para ubicarlo. En una segunda oportunidad lo hizo junto con su amiga Lucía.

Ese día, ya en agosto del 2007, las adolescentes llegaron al taller y fingieron una falla mecánica del carro en el que se conducían, fue el primer contacto con David.

Después se vieron en varias ocasiones. Ana incluso comenzó a coquetear con David, quien se vio atraído por la chica y porque se divertían juntos, sin identificar jamás que ese era el plan macabro de la muchacha para quitarle la vida.

En dos ocasiones ella intentó matarlo, pero no podía. Algo se lo impedía, la invadía una sensación de arrepentimiento y al final no terminaba su cometido.

Pedro, por su parte, comenzaba a presionar a la joven Las llamadas telefónicas eran más seguidas y con un grado de amenaza mayor. Cada vez que sonaba el celular y era “el señor”, Ana sentía desvanecerse pues sabía que debía cumplir su misión.

LLEGA EL DÍA

El 24 de agosto de 2007, un domingo caluroso y húmedo, la adolescente decidió que lo mataría. Después de mediodía habló con su amiga Lucía, a quien invitó a “pistear” mientras veían el juego de futbol de los compañeros de su escuela.

Armadas con hielo, vodka, jugos y algunas botanas, decidieron pasar antes por Aitana, otra compañera de la escuela, y se fueron a ver el partido. Estuvieron sólo un rato, porque David llamó a Ana para invitarlas a un rancho.

El destino se firmó para “El Dave”. Cuando las adolescentes lo esperaban en el estacionamiento de un centro comercial del puerto, Pedro le llamó a Ana y la amenazó con matar a su familia si no asesinaba al hombre lo más pronto posible.

David llegó y las chicas lo siguieron hasta el rancho ubicado al Norte de Guaymas, en las cercanías de San Carlos. Eran cerca de las 16:00 horas cuando partieron. Ya en el rancho continuaron tomando alcohol y alrededor de las 22:30 ellas horas decidieron regresar a Guaymas.

“Qué onda, ¿lo hacemos?”, preguntó Ana a Lucía cuando venían de camino. “Yo sí me animo”, respondió la joven. Entonces urdieron que detendrían el auto y llamarían a David con el pretexto de una falla mecánica.

Lucía sabía que la pistola estaba cargada y guardada debajo del asiento del piloto, cubierta con un pedazo de plástico de una bolsa negra.

El mecánico llegó. Ana bajó del auto y Lucía se colocó al volante. La joven puso el carro en cambio neutral y le daba hacia atrás y hacia adelante sin que el carro avanzara, para fingir que no caminaba.

Experto en autos, David le dijo: “Ponlo en ‘drive’ y luego reversa”. Así rápidamente solucionó el problema, pero pensó que tal vez Ana lo que quería era verlo de nuevo.

David ya estaba arriba de su auto cuando Lucía llamó con un grito desde el vehículo recién “reparado” a Ana. “Hazlo”, le dijo, mientras le daba la pistola, “está cargada”, le señaló y la conminó a que de una vez acabara con el problema.

Con miedo e invadida por los nervios Ana caminó hacia donde estaba David y le disparó un primer balazo directo al rostro.

Alentada por Lucía, tres tiros más impactaron sobre el cuerpo del hombre, quien alcanzó a salir del carro con su cara y ropa bañadas en sangre.

Aitana, la otra chica, gritaba histérica en el asiento trasero, presa del miedo al ser testigo del acto que acababan de cometer sus amigas.

El arrepentimiento golpeó de repente a Ana, quien trató de ayudar al herido.

Pero la desesperación es una mala consejera y tras subir al auto con el arma en su poder, arrancó pasándole por encima a David para comenzar la huida. Las jóvenes abandonaron el cuerpo acribillado y Ana, llena de miedo, vio terminado su encargo.

Perfil del crimen

El trato para asesinar a un hombre involucró a tres menores de edad.

Fecha: Agosto de 2007.

Lugar: Guaymas.

El trato: Un hombre encarga a una adolescente matar al ex esposo de su pareja con el pago de 40 mil pesos.

La asesina a sueldo: Ana, 14 años.

Las cómplices: Sus compañeras de secundaria, Alejandra y Lucía.

Participante accidental: Aitana, quien el día planeado para el asesinato, sin conocer el plan acompañó a Ana y sus amigas.

Sentenciados: Es una serie semanal que presenta casos verídicos que fueron investigados y tuvieron sentencia condenatoria. Los nombres de los protagonistas o lugares pudieron haber sido modificados en la narración de la historia.

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