Un deber de la democracia es “luchar contra la tiranía estadística del rating o de la mayoría”: Villoro

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COLIMA, Col. (apro).- El escritor y periodista Juan Villoro pidió que, dentro de los criterios para asignar a los medios informativos la publicidad oficial en México, se considere la diversificación de ésta con el propósito de respaldar el pluralismo y, sobre todo, la independencia periodística, pues a su juicio lo que toda sociedad debe proteger es la libertad de prensa.

Villoro planteó la necesidad de luchar contra ideas maniqueas, como aquella de que los mejores medios son los que tienen mayor tiraje, o los mejores programas de televisión son los que tienen mayor rating, en razón de que si sólo se apoya a quienes tienen esas características se corre el riesgo de crear una “tiranía de la información”.

En entrevista, el autor de la novela ‘El Testigo’ cita al sociólogo francés Pierre Bourdieu, quien –en una conferencia contra la televisión comercial– ubicó como un deber de la democracia luchar contra el rating, contra el criterio estadístico de la información, porque el rating es inducido y la estadística muchas veces es manipulada y controlada.

“Si se hace un periodismo sensacionalista –reflexiona Villoro al respecto–, probablemente se tendrá mayor impacto inmediato en número de lectores. Lo vemos en los trendind topics, que muchas veces son situaciones de escándalo en las redes sociales, pero la democracia depende de la pluralidad de ofertas. Entonces hay que luchar contra la tiranía estadística del rating o de la mayoría, porque uno de los grandes deberes políticos de las democracias es preservar los derechos de las minorías. Aunque se gane por una cantidad avasallante, es necesario que quienes piensan distinto tengan posibilidad de expresarse y, además, beneficiarse de esas opiniones”.

Y prosigue con un cuestionamiento: “¿Quién dice que un documental que en principio no parece tener un impacto comercial posible, no se va a convertir en algo muy buscado por la gente si se da oportunidad a ese documental de exhibirse en la televisión comercial? Lo mismo sucede con la información. Es decir, no hay una garantía de que todo mundo quiera necesariamente recibir una noticia que ya se puso de moda. Hay que buscar otras noticias y hay que luchar contra la homogeneización de la información”.

En el caso de México, dice, “desgraciadamente estamos ante un gobierno que ha criticado mucho a los medios, ha señalado a periodistas y ha tratado de influir directamente en la opinión pública. No es una atribución del Ejecutivo influir en la información, ya hemos visto las consecuencias nefastas que esto ha tenido en Estados Unidos, y es preocupante que haya una injerencia del gobierno en los contenidos de la información. Aunque no se esté estableciendo una censura, se está creando un clima, se dice: ‘este periódico es negativo’, y después otras personas inspiradas por esto amenazan de muerte a quienes trabajan en este periódico, y eso es una situación muy grave”.

El también ensayista y guionista cinematográfico atendió al corresponsal de Apro en el contexto de una visita a Colima, donde participó en la conferencia concierto “En el jardín azul de tu extravío. Amado Nervo y la canción romántica”, con motivo del centenario de la muerte del poeta nayarita, junto con Guillermo Zapata, ‘El caudillo del son’, y Hernán Bravo Varela, invitado por la Fundación Cultural Puertabierta A.C. y la Secretaría de Cultura del estado.

Cuestionado sobre la necesidad de incluir en las leyes la cláusula de conciencia del periodista para fortalecer su actividad frente a los intentos de censura de parte de algunos propietarios de medios, Villoro señala que los reporteros están muy desprotegidos y se necesita una mejor legislación para que puedan ejercer mejor su trabajo, pues muchas veces son víctima de presiones o censura al interior de su propio medio. Entonces, la legislación podría avanzar en el sentido de proteger al periodista incluso de sus propios patrones.

“También tenemos que avanzar mucho en proteger realmente a los periodistas porque no han menguado los asesinatos. El crimen organizado o sus cómplices siguen actuando en ese sentido y no se han dado suficientes respuestas. Me preocupa que en un país donde los periodistas están amenazados de muerte, haya señalamientos derogatorios contra ellos”.

—¿En qué aspectos del periodismo mexicano ve usted un apego a la ética de la profesión y en qué aspectos no lo ve?

—En su libro ‘Los cárteles no existen’, Osvaldo Zavala trata de ver cómo muchos periodistas han seguido de manera mimética el discurso oficial en la guerra contra el narcotráfico. Más allá de que se esté de acuerdo con todos los ejemplos que pone el autor, la reflexión me parece muy importante, porque en ocasiones el periodista tiene una ética, pero ante la realidad no la puede ejercer; entre otras cosas él es víctima de un espejismo.

“El expresidente Felipe Calderón construyó un adversario y una explicación de su propia guerra: que los cárteles combatían entre sí disputando las plazas, y cuando el Ejército salió a patrullar el país cambió esta circunstancia y, por lo tanto, hubo un recrudecimiento de la violencia, pero de esta manera olvidaba lo más importante: que los cárteles no son extraterrestres, no llegan de fuera. Calderón los llamaba ‘los malosos’, como si fueran unos bárbaros que se hubieran incrustado en nuestra sociedad”.

Autor de la crónica ‘La alfombra roja, el imperio del narcotráfico’, con la que ganó en 2010 el Premio Rey de España, Juan Villoro subraya que el narcotráfico es producto de nuestra sociedad:

“Está en las escuelas, las iglesias, los clubes deportivos, nuestras familias y muchas veces lo podemos incluso ver en el espejo si no entendemos que es una descomposición social la que produjo el narcotráfico. Si los vemos como los bárbaros, los otros, evidentemente no los vamos a entender. Es muy tranquilizador pensar que los criminales son muy diferentes a nosotros, y es tranquilizador porque en la medida en que nosotros tenemos una conducta distinta, pensamos que no nos vamos a topar con ese mundo y que nunca vamos a tener que ver con él. Pero desgraciadamente se trata de personas que pertenecen a nuestra sociedad, que son nuestros paisanos y están más cerca de nosotros de lo que pensamos.

“Entonces, en este caso, tal y como lo ejemplifica en su libro Zavala, el periodista muchas veces sigue el patrón oficial de la noticia y se engolosina describiendo al capo y hablando de sus vicios, de su poderío, de sus mujeres, de sus riquezas, de sus fechorías, y casi uno ve una admiración, que no deja de ser una admiración de signo negativo, pero que es una admiración. Ahí se distorsiona totalmente la realidad y tenemos un ejemplo muy grave de cómo un periodista que puede tener ética, simple y sencillamente se convierte en cómplice de una mistificación de la realidad. Por eso yo insisto en que lo más significativo en casos de violencia es ver a los más afectados, es ver desde abajo a las víctimas”.

—En la actual realidad de México, ¿cuál es la misión del periodista?

—Tiene dos misiones esenciales a lo largo del tiempo y que siempre son las mismas: la búsqueda de la verdad y el ejercicio de la curiosidad. Dicen que la curiosidad mató al gato, pero salva al periodista, porque encuentra noticias donde no parecía haberlas. La curiosidad es un signo de respeto ante la realidad, es pensar que la realidad te puede dar un extra, algo que los demás no han advertido, y eso yo creo que es lo más importante del periodista. Y si tiene distintas curiosidades puede establecer conectivas que expliquen mejor la realidad, porque ningún suceso es aislado. El periodista que sólo sabe de temas laborales, por más que conozca los sindicatos no los va a entender si no toma en cuenta variables económicas, políticas, incluso religiosas y simbólicas. Entonces, establecer estas conectivas a partir de distintas curiosidades permite trazar articulaciones de una realidad compleja, de cosas que no se habían visto antes.

—¿Qué tanto las realidades en las que se desenvuelve el periodista determinan su actitud como tal? Me refiero a un periodista de América Latina en comparación con otro que está en Europa o en Asia…

—Eso es inevitable. Mira, yo estuve en Francia y me tocó ver muy de cerca el incendio de la catedral de Notre Dame. Como soy mexicano y periodista empecé a sospechar una serie de cosas que me sorprendió que mis colegas franceses no sospecharan. Por ejemplo: quién era el responsable del incendio. Y yo dije: ahorita van a ir sobre la compañía que estaba haciendo la restauración de Notre Dame y van a empezar a sacar sus antecedentes, probablemente a descubrir que es una compañía que ya ha tenido otros errores en el pasado, entonces empecé a trabajar mentalmente con una lógica latinoamericana. Pero resulta que ese nivel de sospecha no existía.

“Primero, porque el nivel de credibilidad de las empresas en Francia es mucho más alto. Segundo, porque el valor social de la sospecha es mucho menor allá que acá. Es decir, allá tiene que probarse algo muy importante para poner en entredicho una explicación oficial, y si no se prueba, uno hace el ridículo periodísticamente.

“Lo que pasa es que como en México ha habido tanto ocultamiento, tanto tráfico de influencias y las licitaciones están tan amañadas, que la lógica nuestra es de sospecha, en ocasiones hacemos periodismo profético, tenemos la noticia antes de averiguarla. Cada periodista responde al lugar donde está trabajando y a la cultura que lo ha formado. Lo importante es poder adaptarse a distintas circunstancias.

“El periodista es siempre un aprendiz. Nosotros escribimos de las cosas porque no las sabemos, y en ese sentido somos muy afortunados. Un físico cuántico solamente puede tener acceso a un acelerador de partículas si ya es un físico muy acreditado, en cambio nosotros vamos a ver las partículas de la realidad porque no las entendemos y queremos explicarlas. En cada uno de nuestros reportajes somos aprendices. Tenemos que ir estableciendo nuevas maneras de entender la realidad. Cuando creemos explicarla de antemano, solemos fallar”.

—Para el periodista polaco Ryszard Kapuscinski, el buen periodismo es intencional, esto es, de alguna manera tiene el propósito de cambiar algunos aspectos de la realidad. ¿Está usted de acuerdo con esta visión y, si es así, hasta dónde llegarían los límites para no hacer proselitismo?

—Sí, es una muy buena pregunta. Kapuscinski dijo: éste no es un oficio para cínicos, es decir que uno debe buscar la verdad. Y yo creo que todo periodismo toma partido de alguna manera, pero el periodista debe tener la honestidad de informar acerca de la verdad aún y cuando ésta vaya de pronto en contra de sus opiniones. Antonio Gramsci decía que la verdad es siempre revolucionaria.

“A veces como periodistas encontramos verdades que nos duelen a nosotros mismos y tenemos que darlas. Todo periodismo tiene una dosis de subjetividad. Yo digo que la objetividad periodística es simple y sencillamente no tener pruebas en contra. Yo soy objetivo en la medida que lo que estoy informando me parece verdadero por toda la información que he recabado y hasta ese momento no tengo pruebas en contra. Pero si las pruebas aparecen tengo que cambiar mi enfoque.

“Entonces, el periodismo es una búsqueda de la verdad, y creo que la única militancia que debe tener es ésa, pero naturalmente uno busca cierto tipo de verdades, que son las que consideras que son más reveladoras o las que más valen la pena. Y ahí estás siendo un tanto subjetivo. Entonces es la búsqueda de la verdad, pero a través de una persona que no puede renunciar a su subjetividad y que debe aceptar que en ocasiones es falible. No es una ciencia exacta, es una tentativa, es una aproximación incesante”.

—Durante una época se apreciaron mucho dentro del periodismo valores como la objetividad, la imparcialidad, la neutralidad, como si esto último fuera posible. ¿Actualmente cuál cree usted que sea el principal valor que debería regir la actividad periodística?

—La verdad no es una categoría inmanente, sino que es algo que nosotros aceptamos como verdadero. Y es muy interesante lo que señalas. Hay una participación necesariamente subjetiva en la búsqueda de la verdad, pero lo más honesto es reconocer esto. Por eso, yo creo que es muy importante que el periodista establezca las condiciones desde las cuales está haciendo su texto, porque eso también permite que el lector entienda qué tipo de verdad está buscando y desde dónde la está buscando.

“Por ejemplo, si tú eres un corresponsal que ha llevado una oficina de prensa durante 40 años en un país extranjero, evidentemente tienes un conocimiento de ese lugar muy superior al del enviado especial que llega por dos semanas al mismo lugar. Yo creo que es muy importante que el periodista explicite, manifieste, desde dónde está cubriendo la noticia, y que diga con toda honestidad: acabo de llegar a este país, me sorprendió esto, y por lo tanto el lector sabe que la verdad que le está dando puede estar afectada por el poco tiempo que lleva ahí el periodista o porque no pudo contrastar esto con otras fuentes”.

Por otra parte, Villoro considera válido escribir desde la sorpresa, el asombro e incluso desde el desconocimiento, como los cronistas de Indias, que no entendían la realidad del mundo prehispánico y con las pocas herramientas que tenían trataban de dilucidarlo.

“Entonces es un gesto de honestidad decir: ‘estoy escribiendo desde aquí’. Por ejemplo, soy cronista de box y voy a cubrir una ópera, como hizo Ramón Márquez, y escribió una crónica extraordinaria porque advirtió cosas que los cronistas de ópera ya no ven porque las dan por sabidas. Pero esta distancia también era una prueba de honestidad porque él estaba diciendo: no esperen de mí un juicio riguroso sobre la ópera. Esperen de mí una crónica en donde me voy a sorprender de muchas cosas”.

—La presentación de hechos y de datos se han considerado como elementos que pueden aportar confiabilidad al periodismo, pero también sabemos que todo depende del manejo y el enfoque que se dé a esos datos y esos hechos…

—Sí, las estadísticas no son inocentes, depende cómo las manejamos nosotros…

—Bajo esta consideración, ¿hasta qué punto el periodismo depende de la buena fe del periodista?

—El periodista tiene una ética que debe ser inquebrantable. Una de las razones que me parecen más interesantes del periodismo es que el periodista debe saber que la razón no está en él, sino que está en los otros, en sus testigos, en la realidad. Entonces, la ética periodística consiste en poner a prueba tus prenociones, tus prejuicios, tus propias ideas, tu subjetividad en la realidad. Y la realidad es el tribunal que te va a corregir continuamente.

“En este sentido, es como los científicos que están haciendo un experimento: pueden tener las intuiciones más notables, pero el tribunal que decide es la realidad y sólo ella dice si el experimento salió bien o mal. Yo creo que el periodista en ese sentido está recibiendo lecciones continuas de la realidad y tiene que tener la humildad de registrar cosas que no están en él, sino que él está viendo como testigo”.

—En la práctica, ¿qué tanta influencia tienen los lectores o audiencias en los contenidos y en el rumbo del periodismo en México?

—A mí me gustaría que tuvieran mucho más influencia. Creo que un periódico o una revista se define por la calidad de las cartas de los lectores. Ahí te das cuenta de cuál es la audiencia, cuál es la reacción, qué es lo que están pidiendo. Los grandes periódicos, las grandes revistas, tienen muy buenas cartas, muy buenas propuestas por parte de los lectores, y yo creo que eso falta: una respuesta creativa.

“En las plataformas digitales se ha dado una distorsión de la respuesta porque como es tan fácil y tan inmediato el medio, hay muchas respuestas, pero en ocasiones son simples descalificaciones o elogios y no son argumentaciones. Hay periódicos que incluso publican debajo de un artículo de opinión o de un reportaje los comentarios de los lectores y ciertos periódicos no tienen filtro. Entonces tú ves una cantidad de opiniones intemperadas, no argumentadas, que no contribuyen a la discusión. Yo quisiera que hubiera un periodismo ciudadano con más participación de los lectores, más exigencia de información y más compromiso”.





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