Un secretario general de altos vuelos llega a «salvar» al Congreso

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Acertado, desde el punto de vista en que se le analice, resulta el nombramiento de José Antonio Ríos Rojo como secretario general del Congreso del Estado de Sinaloa.

La experiencia legislativa de Ríos no la podemos negar ni aquellos a los que nos retiró el saludo (su carácter es especial, ya se sabe), pero al hecho de haber sido diputado local y federal, este hombre de izquierda de toda la vida agrega características fundamentales para el cargo, como son un amplio dominio de todos los temas de la vida social y política del estado, así como probada congruencia entre el decir y el hacer.

Personalmente, por haber trabajado bajo su mando hace unas dos décadas, nos consta que José Antonio posee cualidades de liderazgo y (rara avis en la izquierda) para la administración. Así como lo lee usted, que quizá solo esté enterado de la trayectoria política y académica del hombre en cuestión: nos tocó verlo mover cielo, mar y tierra con asombrosa maestría para sacar adelante (con escasísimos recursos financieros) la publicidad de Rubén Rocha Moya como candidato a  gobernador en 1998. Los resultados siguen allí: Rocha ha sido el aspirante de izquierda que mayor número de votos ha conseguido en toda la historia de Sinaloa.

Ríos fue diputado en dos momentos clave: en 2001 a nivel local, durante el gobierno de Juan S. Millán (a quien dirigió batallas contundentes, junto con la entonces también legisladora estatal Imelda Castro) y antes, en 1988, como diputado federal, en la histórica legislatura que recibió entre protestas a Carlos Salinas de Gortari como presidente de México, bajo el signo del fraude electoral que acusaron sus contendientes Cuauhtémoc Cárdenas, Manuel «Maquío» Clouthier y Rosario Ibarra.

«SALVAVIDAS». Hoy como nunca, resulta importante que la administración del Congreso del Estado descanse en un personaje con habilidad y experiencia. Porque, como ha observado la doctora Tere Guerra en diversos artículos (el de este domingo, el más reciente), la naciente legislatura sinaloense habrá de complicarse por la inexperiencia de sus cuadros, con una sola excepción en la fracción mayoritaria, que es la de Morena: Graciela Domínguez Nava, presidenta de la Junta de Coordinación Política.

Del buen tino con que inicia su toma de decisiones la diputada Domínguez, da cuenta la selección de Ríos Rojo como secretario general.

Curioso: hace 20 años, cuando José Antonio se partía en mil para sacar adelante el área de medios de la campaña de Rubén Rocha para gobernador, Graciela comenzaba a despuntar como la gran política que es hoy; adolescente («Gracielita», le decían) militaba en las filas juveniles del PRD con un brillo tal, que a nadie habría extrañado verla convertida en lo que hoy es, un par de décadas después. Y vaya que, para hacerle justicia en las izquierdas, se tardaron…

ESCENARIO CONOCIDO. Por otra parte, buen reto el que tiene antes sí, de inicio, Ríos Rojo como responsable operativo del Congreso: el Plan de Austeridad, Disciplina Presupuestaria y Eficiencia Administrativa que presentó el coordinador de la bancada del PRI, Sergio Jacobo Gutiérrez, requiere de todo el talento del nuevo secretario general, lo mismo que de la voluntad política de la mayoría legislativa.

La propuesta del tricolor busca reducir el gasto de la Cámara local entre un 10 y un 15 por ciento durante el próximo ejercicio fiscal, lo que se traduciría en un ahorro de 40 millones de pesos anuales. «El PRI trabaja a favor de la austeridad, la transparencia y la rendición de cuentas», aseveró Jacobo.

El año viene difícil, ni duda cabe, pero no creemos que el hecho signifique gran preocupación para José Antonio Ríos Rojo porque, como ya lo hicimos saber al inicio de este texto: lo suyo, lo suyo, es administrar carencias.

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